DEDICACIÓN DEL TEMPLO

Después se puso Salomón delante del altar de Jehová, en presencia de toda la congregación de Israel, y extendiendo sus manos al cielo, dijo: «Jehová, Dios de Israel, no hay Dios como tú, ni arriba en los cielos ni abajo en la tierra, […] Si los cielos, y los cielos de los cielos, no te pueden contener; ¿cuánto menos esta Casa que yo he edificado? […] Oye, pues, la oración de tu siervo y de tu pueblo Israel. Cuando oren en este lugar, también tú lo oirás en el lugar de tu morada, en los cielos. Escucha y perdona.»

– 1 Reyes 8:22-23, 27,30 (RVR1995)

Salomón conocía la Palabra de Dios y sabía que Dios no está limitado a ningún lugar geográfico, ni puede ser contenido en un edificio. ¡Toda la creación no lo puede contener! (Isaías 66:1-2). San Pablo describe a Jesús de la misma manera que el rey Salomón describe a Dios. En Efesios 4:10, Pablo nos dice que Jesús «ascendió por encima de todos los cielos, para llenarlo todo». Y como Jesús tiene las cualidades de Dios, sabemos que él es Dios.

La soberanía y la omnipresencia de Dios no quieren decir que él sea una fuerza impersonal o que no se interese por cada individuo. Dios se reveló en su Hijo Jesucristo, no como un poder supremo en acción sino como un ser consciente poseedor de sentimientos y emociones. De manera que, si en su omnisciencia conoce nuestras más profundas transgresiones pecaminosas que provocan su ira contra nosotros, también es misericordioso y en su gracia provee la salvación que necesitamos.

Salomón conocía las promesas divinas y entendía que de su descendencia provendría el Mesías (2 Samuel 7:13–16). Por eso intercede por los reyes que de su linaje vendrían y que, como hijos de Adán, serían pecadores «porque no hay hombre que no peque» (1 Reyes 8:46). Y, al proveer este templo al cual podrían acudir, vela porque ellos tengan la oportunidad de arrepentirse cuando ora con estas palabras: «Si se convierten a ti de todo su corazón y de toda su alma en la tierra de los enemigos que los hayan llevado cautivos, y te suplican con el rostro hacia la tierra que tú diste a sus padres, hacia la ciudad que tú elegiste y la casa que yo he edificado a tu nombre, tú oirás en los cielos, en el lugar de tu morada, su oración y su súplica, y les harás justicia. Perdonarás a tu pueblo, que ha pecado contra ti, todas las rebeliones que hayan cometido contra ti» (1 Reyes 8:48-50).

Nosotros que hemos sido alcanzados por la gracia divina, en gratitud vamos a querer dejar una iglesia firmemente establecida para que nuestros descendientes tengan la oportunidad de escuchar la ley y el evangelio que los conduzcan al arrepentimiento y la vida eterna.

Oración:

Señor, no necesitamos un templo para encontrarnos contigo, pero sí necesitamos obreros que anuncien tu Palabra a fin de convertir a las generaciones que vienen. Te suplicamos que levantes ministros del evangelio entre los jóvenes y niños de las nuevas generaciones. Amén.

www.cristopalabradevida.com/

Meditaciones son presentadas por Publicaciones Multilingües-WELS y www.CristoPalabraDeVida.com.

Licencia Creative CommonsEsta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional.

Todas las citas bíblicas, a menos que se indique lo contrario, están tomadas de La Santa Biblia, Nueva Versión Internacional®, NVI®. Copyright © 1986, 1999, 2015 por Biblica, Inc. ™ Todos los derechos reservados en todo el mundo.