CREER ES VER

Dichosos los que no han visto y sin embargo creen. Juan 20:29

Las palabras de Jesús sobre los que no han visto y sin embargo creen no se aplican a Tomás. Ese discípulo que una vez dudó, creyó porque el resucitado Salvador, sus heridas y todo lo demás, se presentaron delante de él el domingo después de la Pascua. Estrictamente hablando, esas palabras no se aplicaron tampoco a los otros discípulos. Ellos también vieron a su Señor resucitado. No, esa beatitud está destinada a personas como yo.

¿Alguna vez he querido, como Tomás, ver a Jesús en persona y tocar sus heridas? ¿Saber cómo es Jesús y escuchar su voz, como lo hicieron los otros discípulos? Es evidente que eso no es posible, al menos no en esta tierra. Eso tampoco es una desventaja para mí, como me recuerda Jesús. Ya sea que él esté delante de mí en persona o en las páginas de su Palabra, que yo escuche el sonido de su voz o lea sus palabras escritas, lo que cuenta no es ver sino creer.

Lutero escribió: “Debemos tener cuidado de no seguir nuestros ojos. Debemos cerrar los ojos, abrir los oídos y escuchar la Palabra.” Pablo lo dijo aún mejor: “Vivimos por fe, no por vista” (2 Corintios 5:7). Y Pedro lo dijo quizás de la mejor manera: “Ustedes lo aman a pesar de no haberlo visto; y . . . creen en él y se alegran con un gozo indescriptible y glorioso” (1 Pedro 1:8).

¿No es eso lo que el resucitado Señor me estaba diciendo en el anochecer de ese domingo? ¡Creer es ver!

Oración:

Señor, dame los ojos de la fe para que te vea en tu Palabra como mi vivo y todo suficiente Salvador. Amén.