MI HERENCIA

Preciosa herencia me ha correspondido. Salmo 16:6

“Todo esto es mío”, dijo el acaudalado propietario de esas tierras. El pastor había ido a visitarlo y estaba recorriendo las propiedades del hombre. Con mucho orgullo, el granjero le señaló los edificios, los acres y los rebaños; todo lo que sus ojos alcanzaban a ver era suyo. El pastor le preguntó con voz calmada: «¿Jesús es tuyo?”

Buena pregunta. ¿Es mío Jesús? ¿Puedo decir con el salmista: “preciosa herencia me ha correspondido”? Nada en este mundo puede superar los tesoros que Dios me ofrece en el Salvador. Cuando todos los pesos y los centavos de este mundo se comparan con la preciosa sangre de Jesús que pagó todos mis pecados, parecen cosas miserables. Cuando los edificios y las posesiones de esta vida se ponen en la balanza, cuán liviano es su peso, en comparación con el perdón y la paz que Cristo me da con el Padre Celestial. Cuando la extensión de los terrenos que se poseen en esta vida se somete a la evaluación de la eternidad, se ven como polvo llevado por el viento, en comparación con eterno hogar que me está esperando en el cielo. El salmista dice que es “preciosa” la herencia que Dios ha preparado para mí en Cristo Jesús, el Salvador.

La pregunta sigue siendo: “¿Jesús es mío?” La pequeña palabra mío es muy importante. ¿De qué me sirve una herencia si mi nombre no está en ella? ¿O de que me sirve una herencia si no la puedo reclamar? Le doy gracias a Dios porque él me ha abierto la mano de la fe para que yo reclame las riquezas que Jesús ha preparado para mí. Le ruego a Dios que sostenga mi mano atesorando esa herencia tan preciosa.

Oración:

Señor, te doy gracias por el don que me das en Jesús y por todo lo que él me trae. Te pido que me sostengas siempre en la fe en él. Amén.