LA VISITA DEL SOL NACIENTE

Entonces su padre Zacarías, lleno del Espíritu Santo, profetizó: «Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha venido a redimir a su pueblo. Nos envió un poderoso salvador en la casa de David su siervo, […] Y tú, hijito mío, serás llamado profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor para prepararle el camino. Darás a conocer a su pueblo la salvación mediante el perdón de sus pecados, gracias a la entrañable misericordia de nuestro Dios. Así nos visitará desde el cielo el sol naciente.

— Lucas 1:68-69, 76-78

Muchos pueblos de la antigüedad apreciaban el calor, la luz y todos los beneficios que resultan del resplandor solar. Pero en lugar de glorificar al Dios verdadero por tales bendiciones comenzaron a adorar al sol honrando la criatura y no al Creador. Este pecado de idolatría se manifiesta de diversas maneras cuando atribuimos el mérito a lo que Dios creó en lugar de honrar a Dios mismo. Dios está enojado con tal idolatría y anuncia que el castigo por ello es la condenación eterna. No está bien dar culto a María, que fue el medio por el cual vino el salvador, lo correcto es adorar al salvador. Tampoco es correcto honrar al sol creado señal del verdadero sol. (Apocalipsis 21:23-24)

La Biblia enseña que en la vida eterna no habrá necesidad de sol porque allí Dios es el que ilumina y Cristo es la lumbrera (el sol). Sí, Jesucristo es la luz eterna que nunca deja de resplandecer. Él es el sol de justicia profetizado en la Escritura: «Para ustedes que temen mi nombre, se levantará el sol de justicia trayendo en sus rayos salud. Y ustedes saldrán saltando como becerros recién alimentados. (Malaquías 4:2). Pero hoy Cristo resplandece en la vida de los creyentes impartiéndoles la paz verdadera y la vida eterna por medio del evangelio que dice: «Despiértate, tú que duermes, levántate de entre los muertos, y te alumbrará Cristo.» (Efesios 5.14). En gratitud a que fuimos trasladados del reino de las tinieblas al reino de la luz, queremos regocijarnos en la verdad de que Cristo vino al mundo como un niño, que fue concebido siendo María virgen y que nació en Belén como un bebé para así vivir una vida justa en perfecta obediencia a la voluntad de Dios, en lugar de nosotros. Y qué, siendo adulto, dio su vida para pagar nuestro pecado.

Oracion:

Señor, tu enviaste a Jesucristo tu Unigénito para ser nuestro salvador. En este día que en todo el planeta hay celebraciones en memoria y honor de este acontecimiento quiero unirme a los ángeles que adoraron al niño y decir con ellos: «Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz a los que gozan de su buena voluntad.». Amén. (Hebreos 1:6; Lucas 2:13-14)

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