LA CRUZ DE CRISTO

Como levantó Moisés la serpiente en el desierto, así también tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea en él tenga vida eterna.

– Juan 3:14-15

¿En qué piensa cuando ve una cruz? Un joven fue de visita al hospital. Su novia estaba internada y también una amiga de ambos. Para su novia llevó flores rojas dibujando un corazón, y blancas para la amiga. Las flores rojas expresan el amor por una esposa o novia. Hay varias formas para expresar o simbolizar el amor por nuestros amigos, colegas o parientes. Pero Dios no dibujó un corazón para expresar su amor por nosotros. Él eligió expresar su amor hacia nosotros en la cruz. La cruz nos recuerda que «Tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna. Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él» (Juan 3:16-17).

Cristo le explicó a Nicodemo que su muerte en la cruz sería como un estandarte que recuerda el amor de Dios. En el Antiguo Testamento la gente de Israel estaba muriendo en el desierto atacada por unas serpientes venenosas. Dios instruyó a Moisés que levante una serpiente de bronce en un estandarte para que quienes la vean se sanen.

Jesús iba a ser levantado en una cruz. Así como todo aquel que miró con fe la serpiente de bronce fue sanado de la mordedura mortal de las serpientes; también, todo el que mire con fe a Jesús es salvado de la mordedura de la muerte eterna y tendrá vida eterna. Esa es la vida que comienza con la regeneración que obra el Espíritu en las personas.

La promesa le pertenece a “todo aquel” que cree. Es universal; no se excluye a nadie que crea en Cristo. Al mismo tiempo, la promesa le pertenece a cada uno de los que creen. Es personal; Dios sabe nuestro nombre, y cada uno de nosotros tiene la vida eterna.

Mirar la cruz no es contemplar un cuadro o pintura de Cristo en la cruz. Pero, sí es confiar en lo que la muerte de Cristo en la cruz nos trajo: Jesús, quien obedeció perfectamente la voluntad de Dios, en la cruz nos obsequia los méritos de su obediencia para que sean imputados a favor nuestro y también sufrió el castigo eterno por nuestro pecado al experimentar sobre sí toda la ira de Dios.

Oración:

Señor, permite que sea capaz de apreciar el valor de tu sacrificio en la cruz. Amén.