EL PASTOR QUE SALVARÁ LAS OVEJAS

Voy a salvar a mis ovejas, y ya no les servirán de presa. Yo juzgaré entre ovejas y ovejas. Entonces les daré un pastor, mi siervo David, que las apacentará y será su único pastor. Yo, el Señor, seré su Dios, y mi siervo David será su príncipe. Yo, el Señor, lo he dicho.

—Ezequiel 34:22-24

En nuestro planeta existen básicamente dos tipos de personas. Están aquellos que ante el peligro quedan paralizados, en ese sentido son como ovejas. Esas personas no son tan hábiles como para cuidar su seguridad por sí mismos. Necesitan de la guía, el ánimo y el impulso de otros para poder actuar frente al peligro. El otro tipo de personas son aquellas que toman la iniciativa con determinación frente al peligro y emplean las medidas necesarias para resguardarse a sí mismos y también a los demás que les rodean. Llamamos a estas personas «líderes». La Biblia los llama «pastores»

Cuando los líderes abusan de su alta vocación, los individuos empiezan a abusar unos de los otros. Esto mismo es lo que estaba sucediendo en tiempos de Ezequiel. Los pastores de Israel no estaban protegiendo al pueblo. No desempeñaban el trabajo para el cual Dios los había llamado. Por tal razón, él prometió hacer dos cosas. Primero, iba a quitar a los pastores malvados que se habían aprovechado de su rebaño, y después se iba a encargar personalmente de proveer para las necesidades de su rebaño. Iba a buscar a las ovejas perdidas, traer a las descarriadas, fortalecer a las débiles y castigar a las orgullosas e impenitentes

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Si no somos buenos pastores de nuestra familia, de nuestro país o de nuestra congregación, podemos esperar que nuestra comunidad, nuestros familiares y el resto de la congregación, comiencen a pisotear los pastos, enlodar el agua, y atropellar y aprovecharse del débil. Los seres pecadores hacen esas cosas si no se les guía constantemente al Señor y a sus caminos. Ésta es la obligación de los que están en posiciones de liderazgo (Los Gobernantes en los estados, los padres de familia en los hogares, los ministros en las congregaciones). Todos hemos fallado de un modo u otro en este aspecto. Dios condena duramente que ejerzamos mal el liderazgo allá donde hemos sido asignados. Por esto merecemos toda la ira de Dios. Pero Jesucristo vino para ser el buen pastor y cumplir su asignación perfectamente en lugar de nosotros (Hebreos 3:1-6). Él amó al prójimo y dio su vida para salvarnos. En gratitud vamos a querer ser siervos fieles al servicio del Señor (1 Corintios 4:1-2).

Oración:

Señor, por el poder del evangelio en los medios de gracia, concédeme que en gratitud a tu amor quiera ser fiel administrador de tu palabra y que lo sea así. Amén.  

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