“Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: ‘¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre?’. Ellos dijeron: ‘Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, que es Elías; y otros, que es Jeremías o alguno de los profetas’. Él les preguntó: ‘Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?’. Simón Pedro respondió: ¡Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente!” (Mateo 16:13-16)

CONFIESE A JESÚS COMO EL HIJO DEL HOMBRE 

¿Qué dice usted acerca de Jesús de Nazaret? ¿Quién es? Él es su Salvador; es el Hijo de Dios; es el Redentor del mundo; es el Buen Pastor; es la llave de David. Y podríamos seguir y seguir con muchos nombres hermosos de nuestro Salvador, todos los cuales dicen algo verdadero y maravilloso acerca de él.

Cuando lo llamamos con esos nombres y decimos lo que significan, estamos confesando su nombre. Estamos haciendo una confesión, un reconocimiento, a nosotros mismos, al mundo que nos rodea, y al mismo Salvador. Estamos admitiendo que él es realmente quien afirma ser y que en verdad hizo todo lo que la Biblia dice que hizo.

Cuando confesamos el nombre de Jesús, también lo estamos alabando. No podemos decir la verdad acerca de Jesús sin decir cuán grande es, y adorar a Dios significa decir cuán grande es él. Confesar el nombre de Jesús es nuestro deber y nuestro mayor placer.

Cuando admitimos la verdad acerca de Jesús y confesamos su nombre, debemos también recordar el título que se aplica a sí mismo. Jesús se llama a sí mismo el “Hijo del Hombre”. Este fue uno de los títulos del Salvador prometido basado en la profecía de Daniel. Es un título que mostró que el descendiente prometido de David y Abrahán vendría como un hombre común. Fue uno de los títulos más humildes del Prometido, porque la frase “Hijo del Hombre” describe a un hombre con toda la debilidad de la humanidad.

Debido a que fue una frase humilde, fue apropiado que nuestro Salvador la usara refiriéndose a sí mismo. Jesús nació en la debilidad. Se sometió con humildad a sus padres, tal como se sometió humildemente bajo la ley. En debilidad y humildad, Jesús sufrió y murió.

Confiese a Jesús como el Hijo del Hombre. Como hombre él guardó la ley que usted no guardó para que pudiera tener el expediente de justicia que necesita para acudir a Dios. Confiese a Jesús como el Hijo del Hombre, porque como verdadero hombre sufrió y murió por usted. Alabe al Salvador cuya vida y muerte ganó para usted el perdón de los pecados y la vida eterna.

Oración:

Querido Salvador, te alabamos por vivir y morir por nosotros como el Hijo del Hombre. Por tu Espíritu, ayúdanos a confesar tu nombre. Amén.

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