(Lectura de la Biblia en tres años: Rut 2, Lucas 15:1–10)

EL PARIENTE REDENTOR

Su suegra le preguntó: —¿Dónde recogiste espigas hoy? ¿Dónde trabajaste? ¡Bendito sea el hombre que se fijó en ti!. Entonces Rut le contó a su suegra acerca del hombre con quién había estado trabajando. Le dijo: —El hombre con quien hoy trabajé se llama Booz. —¡Que el Señor lo bendiga! —exclamó Noemí delante de su nuera—. El Señor no ha dejado de mostrar su fiel amor hacia los vivos y los muertos. Ese hombre es nuestro pariente cercano; es uno de los parientes que nos pueden redimir.

—Rut 2:19–20

Noemí, la suegra de Rut, enfrentó mucho sufrimiento a lo largo de su vida. La escasez de alimentos obligó al esposo de Noemí a emigrar junto con su familia. Lejos de la patria, los dos hijos de Noemí tomaron por esposas a mujeres moabitas: Orfa y Rut. El esposo y los hijos de Noemí murieron, dejando a las tres, viudas. Noemí ya había pasado la edad fértil y no podía ofrecer a sus nueras la posibilidad de casarse dentro de la familia para recibir herencia. Les aconsejó vuelvan a sus casas. Orfa se fue, pero Rut optó por no desamparar a Noemí. tal era la pena de Noemí que dijo: «Ya no me llamen Noemí […] Llámenme Mara [amargura] porque el Todopoderoso ha colmado mi vida de amargura. «Me fui con las manos llenas, pero el Señor me ha hecho volver sin nada. ¿Por qué me llaman Noemí si me ha afligido el Señor, si me ha hecho desdichada el Todopoderoso?» (Rut 1:20-21). Pero Rut le dio una buena noticia, el varón que le permitió ganarse el pan en sus tierras era un hombre rico llamado Booz. Está noticia devolvió la sonrisa a Noemí ¿Por qué? Porque Booz era «un pariente redentor»

La palabra hebrea go’él, traducida «pariente cercano» en el texto de la meditación de hoy literalmente significa redentor, alguien que tiene el derecho y la capacidad de rescatar personas o propiedades. Solo un pariente cercano y que tenga la solvencia necesaria podía tener derecho a reclamar la herencia hipotecada para rescatarla. Si la herencia era redimida, la propiedad volvería a pertenecer a la familia de Noemí y a sus herederos. El redentor no ganaba nada con esa acción.
Cristo es nuestro redentor pues, siendo Dios, tiene la solvencia para pagar nuestra deuda (Salmo 49:7,8) Solo la obediencia perfecta de Cristo, en lugar de nosotros, tiene el poder de lograrlo. Pero para tener derecho a rescatarnos Cristo debe ser nuestro pariente, debe tener naturaleza humana. Por eso se hizo carne. El Cristo encarnado padeció por nosotros el castigo que merecemos. En gratitud vamos a querer dejar de ser amargura y vivir gozosos de saber cuán grande precio se pagó por nuestro rescate.

Oracion:

Gracias Señor, has cambiado mi lamento en baile; me quitaste la ropa áspera y me vestiste de alegría. Por tanto, a ti cantaré, gloria mía, y no estaré callado.
Jehová Dios mío, ¡te alabaré para siempre! Amén. (Salmo 30:11-12).

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