GRACIAS A CRISTO ESTOY EN PAZ CON MI PRÓJIMO

Si se enojan, no pequen; que el enojo no les dure todo el día. No le den oportunidad al diablo.

– Efesios 4:26-27

El emperador del Sacro Imperio Romano, Carlos Quinto, fue testigo de grandes conflictos de difícil solución durante su reinado. La amenaza de invasión; plagas dentro del país; disturbios sociales. Para Carlos Quinto no era fácil mantener en paz sus territorios. Por esto, no sorprende que el escudo que obsequiara a la recién fundada ciudad de La Paz, Bolivia, lleve la inscripción: «Los discordes, en concordia, en paz y amor se juntaron y pueblo de paz fundaron para perpetua memoria» en la orla que lo bordea. Así como el emperador deseaba la paz en sus territorios, nosotros queremos estar en paz con todas las personas. Pero estar en paz con todos no es fácil. Lo fácil es que nuestras relaciones se deterioren. ¿Cómo puede ser restaurada la relación con mi prójimo?

Una relación deteriorada no llega a ese estado de la noche a la mañana. Comienza cuando uno no está contento con la relación, pero no sabe cómo enfrentar la situación para cambiarla; el resultado es la frustración. Después de un tiempo, la frustración en la relación produce resentimiento hacia la otra persona. Si el resentimiento sigue creciendo, pronto se comienza a sentir ira. Con el tiempo, si esta ira llega a ser más intensa, se convierte finalmente en odio. En suma, toda la contienda y todo el odio en el mundo comenzaron con frustración. ¿Cómo evitar que una frustración llegue tan lejos?

Dios nos ha dado la herramienta que sana relaciones dañadas: el amor ágape. Este amor desinteresado, comprometido, incondicional y útil, ama aun a los que no aman, pues le da a una persona lo que necesita en vez de lo que merece. La evidencia y expresión más alta del amor ágape la dio Dios, al entregar a su propio Hijo a la muerte para nuestra salvación. Ágape es el tipo de amor que Dios espera que tengamos para con nuestro prójimo, así como él lo tiene para con nosotros. Este amor no puede existir en un corazón que esté lleno de orgullo pecaminoso porque probablemente tal corazón ante la ofensa buscará venganza. Pero un corazón lleno de amor ágape buscará más bien dar a la persona lo que necesita, no lo que merece. Solo cuando tengamos un corazón humilde, podremos hacernos la pregunta: «¿Soy yo responsable de alguna manera del deterioro de esta relación? Vencer el orgullo pecaminoso que no nos permite ver nuestras propias culpas, y solo quiere tomar venganza, implica una lucha muy difícil. Cristo no vino a vengarse sino a salvarnos con sus méritos. En gratitud queremos vivir rendidos a su amor y amar así a nuestro prójimo.

Oración:

Señor, concédeme un corazón semejante al tuyo, un corazón humilde que no insista en la venganza. Que busque el bien de mi prójimo y que ame incluso a los que no lo merecen. Amén.