(Lectura de la Biblia en tres años: 2 Samuel 18:14–33, Juan 1:1–6)

LA MUERTE DE ABSALÓN, HIJO DEL REY DAVID

En vida, Absalón se había erigido una estela en el valle del Rey, pues pensaba: «No tengo ningún hijo que conserve mi memoria.» Así que a esa estela le puso su propio nombre, y por eso hasta la fecha se conoce como la Estela de Absalón.

—2 Samuel 18:18

Ningún padre quiere enterrar a sus hijos. Lastimosamente el rey David no solo tuvo que experimentar el dolor de perder a su hijo Absalón sino también el saber que él murió conspirando contra su padre. ¿Por qué sucedió eso?

Cuando el profeta Natán confrontó al rey David por sus pecados contra Dios y contra Urías Heteo le profetizó lo siguiente: «¡Asesinaste a Urías el hitita para apoderarte de su esposa! ¡Lo mataste con la espada de los amonitas! Por eso la espada jamás se apartará de tu familia, pues me despreciaste al tomar la esposa de Urías el hitita para hacerla tu mujer.” Pues bien, así dice el Señor: “Yo haré que el desastre que mereces surja de tu propia familia, y ante tus propios ojos tomaré a tus mujeres y se las daré a otro, el cual se acostará con ellas en pleno día». (2 Samuel 12:9–11). Años más tarde Absalón se rebeló contra su padre y conspiró para arrebatarle el trono. Sus actos cumplieron las palabras que Dios habló por medio de Natán. Sin embargo, tales actos fueron también el resultado de la necedad de Absalón. ¿Cómo así?

La conspiración de Absalón para derrocar del trono a su padre desembocó en una batalla de la que tuvo que salir escapando. En su huida su cabeza quedó atrapada en las ramas de un árbol dejándolo a merced de sus perseguidores. Absalón no tuvo posibilidades de victoria al enfrentar en batalla a los bien entrenados soldados que permanecían leales a David, pues había tenido una vida mimada e indulgente que ni siquiera sabía que se debía usar un casco o una coraza. La Biblia dice que «La necedad es parte del corazón juvenil, pero la vara de la disciplina la corrige.» (Proverbios 22:15) Es la responsabilidad de los padres estorbar la necedad de sus hijos empleando «la disciplina e instrucción del Señor.» (Efesios 6:4 cf. 1 Samuel 3:13). Lastimosamente, David solo calló cuando sus hijos obraron mal (2 Samuel 13:10–21,28,39). Dios quiere que los padres ejerzan la amonestación y la disciplina. Por fallar en hacerlo merecemos toda la ira divina. Por los méritos de Cristo hemos sido perdonados de este pecado. en gratitud vamos a querer no ser cómplices de la necedad juvenil.

Oración:

Señor, nos has encomendado la disciplina de los que están bajo nuestra guía. Pero a causa de nuestra pecaminosidad fallamos en nuestra misión. Te suplico nos concedas el valor para asumir nuestra responsabilidad por Jesucristo tu Hijo y redentor nuestro. Amén.

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