“Por tanto, también ustedes estén preparados, porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que menos lo esperen” (Mateo 24:44).

LA HORA LA FIJA ÉL 

No sabemos el día en que el Señor vendrá. No sabemos si será de noche; tampoco sabemos la hora. Dios determinará el tiempo. La hora la fija él.

¿Por qué parece que se está tomando tanto tiempo? El apóstol Pedro nos dice en su segunda carta que algunas personas se burlarán y afirmarán que la lentitud de Dios para determinar la hora significa que no vendrá. No obstante, Pedro contesta esa incredulidad diciendo: “El Señor no se tarda para cumplir su promesa, como algunos piensan, sino que nos tiene paciencia y no quiere que ninguno se pierda, sino que todos se vuelvan a él” (3:9).

¡Cuánto amor! Dios no ha establecido la hora sin pensar. Dios no determinará ese tiempo con enojo. El amor de Dios por el mundo determinará ese tiempo. En su misericordia, dio a su unigénito Hijo como el Cordero sin mancha, a fin de ser sacrificado para expiar nuestra culpa. En su amor, hace que estas buenas noticias sean predicadas ahora. En su misericordia, nos llama a arrepentirnos del pecado y a confiar con firmeza en su perdón. En su amor todavía nos está llamando hoy, todavía nos está dando tiempo, hasta que llegue la hora que él fije como la hora correcta.

Debido a que no sabemos cuándo es esa hora, Jesús nos dice: “También ustedes estén preparados”. No esté desprevenido. Que su fe no se debilite descuidando la palabra de Dios, alejándose de la Santa Cena. No vaya a perder la fe y caer en la perdición eterna. Esté preparado. Que el poder del Espíritu, por medio del uso fiel de la palabra y del sacramento, lo fortalezcan y lo guarden.

Se acerca la Navidad. Podemos fijar la hora de nuestro oficio religioso de Navidad. Pero, ¿qué tal el tiempo en que vendrá el Señor? La hora la fija él.

¡Qué alegría nos espera entonces, qué dicha más allá de la comparación! ¡Qué gloria tendremos a causa del Señor que viene a salvar, que viene mediante su palabra y que vendrá otra vez, a la hora que él fije, para recibirnos!

Oración:

Padre celestial, gracias por tu amor que nos ha dado tiempo, por tu Espíritu que nos ha inducido al arrepentimiento y a creer, y por tu Hijo en quien creemos. En su nombre, te pedimos que nos guardes atentos y preparados para la hora de tu regreso. Amén.