LA MISIÓN DEL SIERVO DE JEHOVÁ

Yo, Jehová, te he llamado en justicia y te sostendré por la mano; te guardaré y te pondré por pacto al pueblo, por luz de las naciones, para que abras los ojos de los ciegos, para que saques de la cárcel a los presos y de casas de prisión a los que moran en tinieblas.

—Isaías 42:6, Reina Valera 1995

¿Conoce usted al siervo de Jehová, el Señor Jesucristo? Muchas personas afirman que sí lo conocen. Dicen que fue el hombre más grande de la historia. Pero Jesucristo es más que un gran hombre. Él es Dios hecho hombre. Así como es posible no conocer bien a Cristo, también es posible equivocarse en cuanto a su misión.

Algunas personas imaginaron que la misión de Cristo fue la de liberar a Israel del dominio que el imperio romano ejercía sobre ellos. Otros imaginan que la misión de Cristo fue inspirar a otros para luchar por sus ideales. No son pocos los que piensan que Cristo vino para hacer milagros y enseñar cómo hacerlos. También están los que piensan que Cristo vino a enseñar cómo impartir justicia social. El profeta Isaías nos muestra cuál fue la misión de Cristo. Es verdad que mientras Jesús estuvo en la tierra abrió los ojos de los ciegos, pero no quitó la ceguera de la experiencia humana. Dios aquí habla de una clase diferente de ceguera. Por causa del pecado, toda la humanidad está ciega a las verdades de Dios. Así como la ceguera es espiritual, la esclavitud también lo es. Todos los humanos están subyugados por la culpa y condenados al castigo eterno.

El Siervo de Dios traerá liberación de la esclavitud del pecado y de la prisión del juicio. Con anterioridad Isaías había escrito esto sobre el advenimiento del gran Siervo de Dios: «El pueblo que andaba en la oscuridad ha visto una gran luz; sobre los que vivían en densas tinieblas la luz ha resplandecido.» (Isaías 9:2). Jesucristo iluminó con la luz de la verdad a muchos pueblos. Esta verdad no es otra que la misma de hace miles de años: nosotros somos pecadores y merecemos, sobre nosotros, padecer toda la ira de Dios en el infierno. Dios, por su misericordia, envió a Cristo para redimirnos de la condenación al ser nuestro doble sustituto. Tanto al obedecer activamente la voluntad de Dios como al morir sufriendo el desprecio de su padre y así librarnos del castigo. En gratitud vamos a querer compartir la luz del evangelio de Cristo.

Oración:

Señor, tu nos concedes el privilegio de poder anunciar tu evangelio, pero, por nuestra condición pecaminosa no podemos hacerlo conforme tú lo exiges. Por los méritos de Jesucristo nos perdonas y nos consideras perfectos y estamos agradecidos por ello. Te suplicamos tu constante auxilio para que, por gratitud, edifiquemos nuestras familias, valorando la herencia de los hijos al colaborar en que crezcan en la fe cristiana. Amén

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