VAMOS, CONFIÉSALO

Cuando los hombres caen, ¿acaso no se levantan? Cuando uno se desvía, ¿acaso no vuelve al camino?. . . He escuchado con suma atención, para ver si alguien habla con rectitud, pero nadie se arrepiente de su maldad; nadie reconoce el mal que ha hecho Jeremías 8:4,6

La leche derramada manchó el piso al lado del refrigerador. Pero el pequeño Ben, aunque llevaba un bigote blanco, afirmó que era inocente. “Vamos, Ben”, le dijo la madre, “confiésalo”.

Eso es lo que Dios les estaba diciendo a los hijos de Judá. Su profeta Jeremías había trabajado en medio de ellos durante 40 años, llamándolos al arrepentimiento, pero el pueblo de Judá no estaba escuchando. A diferencia de la persona que se vuelve a poner rápidamente en pie cuando se ha caído, ellos solo estaban ahí tercamente, en la suciedad de sus pecados. A diferencia de un viajero que rápidamente se encamina correctamente después de haber tomado el camino equivocado, ellos seguían insistiendo tercamente en viajar por camino que los apartaba de Dios. Aunque Dios dice que se inclina muy atento, desde el cielo, para escuchar el más leve suspiro de arrepentimiento en ese pueblo, ellos se negaron.

¿Se aplica a nuestro país este llamado de Dios al arrepentimiento? Por supuesto, pero es mejor si lo aplico a mí mismo. ¿Alguna vez me he apartado de su llamamiento como si no lo necesitara? ¿Alguna vez he minimizado mis pecados comparándolos con los de alguna otra persona? ¿Alguna vez he interrumpido la historia de la cruz de Cristo pensando que “Yo ya sé todo eso”? Entonces, es el momento para escuchar a mi Padre, que dice: “Ven, confiésalo, hijo mío”. Es el momento para volver a orar diciendo; “Señor, te pido que me ayudes a ver mis pecados. Sobre todo, que me ayudes a ver la cruz con su mensaje de Jesús crucificado por mí”.

Oración:

Señor, te pido que me ayudes a ver mis pecados y a arrepentirme de ellos verdaderamente; que me ayudes a ver a mi Salvador y a confiar en él. Amén.