SU BONDAD DA SEGURIDAD

¿A quién tengo en el cielo sino a ti? Si estoy contigo, ya nada quiero en la tierra. Podrán desfallecer mi cuerpo y mi espíritu, pero Dios fortalece mi corazón; él es mi herencia eterna. Salmo 73:25,26

¿Escuchó al salmista? Él dice que nada en el cielo ni en la tierra podría acercarse en valor a su Señor. El Señor es su más grande tesoro, su único tesoro, su eterno tesoro. Y nada podría despojarlo de ese tesoro, ni siquiera la muerte cuando su corazón y su carne le fallen. El Señor es la fortaleza de su corazón, la roca y la fortaleza segura en la que su corazón pone toda su confianza. El Señor es su herencia por siempre, una herencia que no llegará a su fin con este mundo, sino que alcanzará su pleno valor en el cielo. Lutero captó lo que quería decir el salmista, cuando escribió: “Si solo tuviera al Señor, no me importaría nada en el cielo ni en la tierra”.

El verano pasado volvimos a visitar el geiser Old Faithful en el Parque de Yellowstone, Wyoming, EEUU. Había cerca de ahí un reloj digital que indicaba cuantos minutos faltaban para la próxima erupción. Les dimos un vistazo a las tiendas, pero siempre con los ojos puestos en nuestro reloj. Cuando faltaban pocos minutos, salimos de prisa para ver el gran evento. Pero los trabajadores del parque no le ponían ninguna atención; mientras nosotros expresábamos nuestra admiración y asombro y accionábamos nuestras cámaras, esos trabajadores ni siquiera miraron para arriba. El Old Faithful se les había vuelto muy familiar a ellos.

En ninguna parte la bondad de Dios es más visible que en el Salvador Jesús. Que él me conceda que nunca tome el perdón que me ofrece como algo común y trivial. El perdón es nuevo y precioso para mí, cada día. Es el único tesoro que quiero tener en este mundo y en el próximo.

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Oración:

Señor, te doy gracias por tu bondad. Amén.