LA BENDICIÓN DE SALOMÓN

[Salomón] puesto en pie, bendijo a toda la congregación de Israel, diciendo en voz alta: «¡Bendito sea Jehová, que ha dado paz a su pueblo Israel, conforme a todo lo que él había dicho! Ni una sola palabra de todas las promesas que expresó por medio de su siervo Moisés ha faltado.

»Esté con nosotros Jehová, nuestro Dios, como estuvo con nuestros padres, y no nos desampare ni nos deje. Incline nuestro corazón hacia él, para que andemos en todos sus caminos y guardemos sus mandamientos, los estatutos y decretos que mandó cumplir a nuestros padres. Que estas palabras con que he orado delante de Jehová estén cerca de Jehová, nuestro Dios, de día y de noche, para que él proteja la causa de su siervo y de su pueblo Israel, cada cosa a su tiempo, a fin de que todos los pueblos de la tierra sepan que Jehová es Dios, y que no hay otro. Sea, pues, perfecto vuestro corazón para con Jehová, nuestro Dios, andando en sus estatutos y guardando sus mandamientos, como en el día de hoy».

– 1 Reyes 8:55-60 (RVR1995)

El templo que Salomón construyó y dedicó a la adoración a Dios tenía como lugar de suma importancia al propiciatorio, la tapa del arca del pacto. Allí estaba (simbólicamente) el trono de la gracia desde donde Dios otorgaba el perdón. Dios perdona el pecado, no por causa de la sangre de animal derramada en el Templo (Hebreos 10:4), ni por el comportamiento de la gente. Dios perdona el pecado porque él guarda su «pacto de amor» (Hebreos 10:23). Él perdona por causa del Salvador, cuyo linaje legal se puede seguir hasta la familia de Salomón (Mateo 1:6), que derramaría su sangre en Jerusalén en el altar de la cruz. Los que confiesan sus pecados, en arrepentimiento humilde, reciben el perdón de Dios (1 Reyes 8:46-50). El impenitente rechaza el perdón por su falta de fe.

El templo de Salomón ya no existe, pero todavía Dios tiene su trono de gracia: Jesucristo, en quien hallamos perdón y socorro divino. La terminación del Templo fue la culminación de los planes de Dios en el Antiguo Testamento. Israel había llegado a ser una gran nación y había recibido paz en su tierra prometida. La tierra en la que vivían y el Templo en el que Dios tenía su habitación eran recordatorios constantes de que el Mesías prometido también se iba a manifestar.

Al mirar hacia atrás, vemos el pasado del cristianismo también lleno de las bendiciones terrenales y espirituales que provinieron de Dios. Nuestra oración para pedir bendiciones futuras se puede expresar con palabras que dijo Salomón, palabras que todavía sirven como lema para todos los hijos de Dios:

Oración:

«Esté con nosotros Jehová, nuestro Dios, como estuvo con nuestros padres, y no nos desampare ni nos deje». ¡Que él nos dé un corazón que le tema y un cuerpo que lo sirva! Amén.

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