EL SALVADOR ESTÁ CONMIGO SIEMPRE

Y les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo. Mateo 28:20

El Salvador resucitado nos dejó una maravillosa promesa. Comenzó diciendo: “Les aseguro,” con el significado de “note esto y téngalo siempre presente.” Y siguió diciendo: “Estaré con ustedes siempre.” No solo sus palabras o su recuerdo, sino él mismo, el Resucitado Vencedor del pecado y de la muerte, va a estar a nuestro lado. Note también la palabra “estaré”. No “estuve con ustedes, pero eso puede cambiar,” sino “estaré ahora mismo y siempre.” “Con ustedes”, siguió diciendo. ¿Con quiénes? Con los creyentes, por supuesto, con sus discípulos de todos los tiempos, como lo enseñan las siguientes palabras. “Con ustedes siempre”, prometió; no solo hoy y mañana, sino cada día que él nos dé. Y concluyó: “Hasta el fin del mundo.” Su promesa y su presencia serán siempre ciertas hasta el fin de la historia.

Con esa promesa, puedo vivir mientras el mundo que me rodea lucha para existir. Llega la mañana y en cuanto abro los ojos, oro diciendo: “Te doy gracias, Señor Jesús, porque me has mantenido a salvo durante la noche.” Vienen los problemas, y puedo decir: “Ayúdame, Señor Jesús, a cargar con lo que yo pueda, y a poner el resto en ti.” Viene la tentación, y elevo mi voz: “Señor, soy muy débil, pero tú me puedes fortalecer.” Me supera el pecado, y yo confieso: “Lo he vuelto a hacer, Señor Jesús. No te apartes de mí, sino por causa de tu amor perdóname.” Vienen las bendiciones, y no digo: “Me lo gané, o me merecía más,” sino más bien: “Te doy gracias, Señor Jesús, porque eres tan amoroso sin que yo lo merezca.” Viene la noche, finalmente viene la noche de la muerte, y yo digo: “Ahora me acuesto a dormir. Le ruego al Señor que guarde mi alma.”

Todo esto, solo por la promesa de mi Señor resucitado.

Oración:

Salvador mío, quédate siempre a mi lado y sostenme a tu lado en cada uno de mis días y en tu día eterno. Amén.