LOS DOS CAMINOS DEL SEÑOR

Y Moisés alisó dos tablas de piedra como las primeras; […] Y Jehová descendió en la nube, y estuvo allí con él, proclamando el nombre de Jehová. Y pasando Jehová por delante de él, proclamó: ¡Jehová! ¡Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad; que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, y que de ningún modo tendrá por inocente al malvado; que visita la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos, hasta la tercera y cuarta generación.

– Éxodo 34:4-7 (RVR1960)

En el monte Sinaí Moisés recibió dos tablas que contienen la ley moral. La ley moral es la voluntad de Dios para todas las personas de todos los tiempos y lugares. Por esto Dios ha escrito esa ley en el corazón de cada persona. Nuestra conciencia da testimonio de ello. San Pablo presenta esta verdad cuando escribe: «Cuando los gentiles, que no tienen la ley, cumplen por naturaleza lo que la ley exige, ellos son ley para sí mismos, aunque no tengan la ley. Éstos muestran que llevan escrito en el corazón lo que la ley exige, como lo atestigua su conciencia, pues sus propios pensamientos algunas veces los acusan y otras veces los excusan» (Romanos 2:14-15).

Aunque nacemos con la ley escrita en nuestro corazón, el pecado tiende a adormecer la conciencia con el resultado de que esa ley llega a estar borrosa de tal punto que ya no sentimos culpa por haber pecado. Por esto Dios dio su ley escrita en tablas de piedra. Hizo esto porque esa ley nos muestra lo pecadores que somos, y así, se nos ayuda a entrar en conciencia de la necesidad que tenemos de ser salvados de la condenación eterna que merecemos por ser pecadores. En este sentido, la ley nos conduce a Cristo. Sin embargo, la ley no nos cambia ni nos trae el perdón. Aun así, existen personas que se imaginan que pueden alcanzar el favor divino cumpliendo la ley. Esto es sencillamente imposible. Ninguno es capaz de cumplir la ley. Además, pecar contra un solo mandamiento nos hace culpables de quebrantar toda la ley (Santiago 2:10).

Jesucristo vino para obedecer perfectamente la ley por nosotros y atribuir su obediencia a nuestro favor. Asimismo, vino para pagar el castigo que meremos en lugar nuestro. Esta es la buena noticia, el evangelio. Para llevarnos al cielo Dios nos hace recorrer sus dos caminos. El camino de la ley para mostrarnos cuán pecadores somos y lo merecedores del infierno que somos; y el camino del evangelio para consolarnos con la noticia de que todo lo que hay que hacer para llegar al cielo lo hizo Jesucristo en lugar de nosotros.

Oración:

Señor Jehová, te doy gracias por haberme abierto los ojos mediante tu ley moral para poder ver cuán pecador soy, y por mostrarme tu amor en el evangelio. Amén.

Meditaciones son presentadas por Publicaciones Multilingües-WELS y www.CristoPalabraDeVida.com.

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