EL NACIMIENTO DE CRISTO, EL SEÑOR.

Por aquellos días Augusto César decretó que se levantara un censo en todo el imperio romano. (Este primer censo se efectuó cuando Cirenio gobernaba en Siria.) Así que iban todos a inscribirse, cada cual a su propio pueblo.

También José, que era descendiente del rey David, subió de Nazaret, ciudad de Galilea, a Judea. Fue a Belén, la ciudad de David, para inscribirse junto con María su esposa. Ella se encontraba encinta y, mientras estaban allí, se le cumplió el tiempo. Así que dio a luz a su hijo primogénito. Lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en la posada.

— Lucas 2:1-7

¡Navidad, navidad, hoy es navidad! ¡Es un día de alegría y felicidad!, dice un antiguo villancico. Pero ¿Es verdad? Por todo el mundo hoy hay sufrimiento. Muchos hogares están destruidos. Hay niños que mueren de hambre y sed. La delincuencia, injusticia y corrupción parecen haber tomado el planeta. Inclusive la Biblia habla de «tiempos peligrosos» (2 Timoteo 3:1). Hoy que la navidad es una fiesta mercantil en la que sólo los ricos parecen ser felices ¿No sería mejor olvidarla y mejor ayudar a los necesitados?

Cuando Jesucristo nació en Belén, José y María eran pobres. Les tocó viajar a Belén por orden imperial para el censo. Tuvieron que hacerlo a pesar que eso arriesgaba el embarazo de la virgen. En Belén no encontraron lugar donde alojarse. El niño nació en un establo. Cerca de allí unos pastores cuidaban ovejas en la fría noche y, como Jacob su antepasado, no han debido estar muy a gusto con ello, pero así eran las cosas (Génesis 31:40). Sin embargo, José y María junto a los pastores, los ángeles y Dios mismo se regocijaron porque el nacimiento del Salvador del mundo era la mejor buena noticia de la historia, real motivo de celebración. Él nació para que no vayamos al sufrimiento eterno en el infierno.

Cuando vemos el sufrimiento y nos preguntamos ¿Por qué Dios lo permite? Recordamos que el sufrimiento aquí en la tierra no se compara en nada con lo que realmente merecemos: sufrir eternamente en el infierno. Nos regocijamos que Cristo vino a sufrir para que nosotros no suframos por siempre. En gratitud vamos a querer celebrar de una manera que realmente honre al Señor, sin ostentación presuntuosa y con consideración y amor por nuestro prójimo (Lucas 14:11-14).

Oración:

Señor, desde la profundidad de mi pecado contamino con mi naturaleza carnal aun las buenas celebraciones. Gracias porque Jesucristo celebró perfectamente tus maravillas en lugar nuestro. Por sus méritos tú me cuentas entre los justos. En gratitud quiero celebrar honrándote de verdad, te suplico me concedas el alcanzar hacerlo así, por Jesucristo. Amén.

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