SOLO EN EL SEÑOR ESTÁ LA SALVACIÓN

Vuelvan a mí y sean salvos, todos los confines de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay ningún otro.

– Isaías 45:22

El mensaje del único Dios verdadero es una invitación de su gracia que anuncia: el juicio sobre todos los que rechazan la salvación que sólo él puede dar y el perdón que sólo él puede conceder. Sin embargo, su mensaje primordial es una invitación a la fe. Él nos invita con estas palabras: “¡Vuelvan a mí y sean salvos!” No nos podemos rescatar a nosotros mismos, Dios debe hacerlo; de manera que cuando los pecadores se vuelven a él y creen, son libres por él. Esa invitación sigue extendida a toda la tierra.

La salvación fue lograda para todos los seres humanos, y Dios quiere que todos sean salvos (1 Timoteo 2:4). Pero, lastimosamente, muchos no serán salvos y pasarán la eternidad en el infierno. ¿Por qué? Debido a su incredulidad (Marcos 16:16) como le pasó a Pedro cuando se hundió, después de haber caminado exitosamente sobre el agua. El único remedio contra la incredulidad es la fe. Dios nos dejó un abundante suministro de fe en su evangelio, el poder de Dios para salvación. La fe viene por oír la palabra de Dios y es fortalecida de la misma manera. Solamente el evangelio tiene el poder para crear fe y mantenernos firmes en esa fe. Cuando apartamos nuestra atención de la verdad del evangelio, para confiar en nosotros mismos y nuestra obra, nos colocamos en el grave peligro de caer en la incredulidad y finalmente perder la fe y, con ello, la salvación. Dios quiere que confiemos en que él quiere salvarnos gratuita e incondicionalmente, y que en los medios de gracia (el evangelio y los sacramentos), él implanta y fortalece la fe en nosotros.

Puesto que Cristo ganó nuestra entrada al cielo, tanto con su perfecta obediencia a la ley moral de Dios, como por su muerte en sustitución nuestra, en gratitud, queremos depositar nuestra confianza entera en la misericordia de Dios y en los méritos de Cristo, Justicia Nuestra.

Oración:

Roca de la Eternidad, mí único Salvador: te pido que, por tu gracia, fortalezcas mi confianza y fe más firmemente en ti y en tu obra salvadora ya consumada. Amén.