“Cuando Jesús llegó, se encontró con que hacía ya cuatro días que Lázaro estaba en el sepulcro. Cuando Marta oyó que Jesús venía, salió a su encuentro; pero María se quedó en casa. Y Marta le dijo a Jesús: ‘Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. Pero también sé ahora que todo lo que le pidas a Dios, Dios te lo concederá” (Juan 11:17,20-22)

APRENDA A CONFIAR EN JESÚS 

Se dice respecto a los deportes que el momento oportuno lo es todo. Una descoordinación puede convertir un gol en una pérdida de yardas o un jonrón en una oportunidad perdida.

En el teatro, todo el suspenso depende del momento oportuno. ¿Llegará el héroe a tiempo para salvar a la dama en peligro? El tiempo también puede afectar nuestra vida real muy dramáticamente. Mucho de lo que el mundo llama éxito depende de estar en el lugar y en el momento oportunos.

Marta consideró que el tiempo había sido crucial en el caso de la muerte de su hermano. Si Jesús hubiera estado allí, se lamentaba, Lázaro no hubiera muerto. No es que Jesús llevara algún medicamento milagroso con él para curar las enfermedades. Marta había visto que Jesús había sanado a los enfermos regularmente con su poder divino, hablando la palabra. Sabía (tal era su fe) que Jesús hubiera sanado a Lázaro si hubiera llegado más pronto.

Pero ahora era demasiado tarde. El gol fue bloqueado; el partido terminó. Lázaro había muerto. ¿O era demasiado tarde? Marta sin duda recordaba el mensaje que Jesús había enviado cuando se enteró de la enfermedad de Lázaro: “Esta enfermedad no es de muerte” (Juan 11:4). Jesús nunca había mentido ni había engañado a nadie. ¿Podría significar que todavía podría realizar un milagro? ¿Resucitaría a Lázaro de entre los muertos? Había resucitado a personas en dos ocasiones anteriormente. El cuerpo de Lázaro, sin embargo, estaba descomponiéndose en el sepulcro.

Marta titubeaba entre el dolor y la esperanza, pero su fe le dijo que confiara en Jesús. Ella no podía entender, pero confesó: “Pero también sé ahora que todo lo que le pidas a Dios, Dios te lo concederá”. “¡Ahora!”, dijo. Su hermano estaba muerto; ella todavía confiaba en el Señor.

Jesús siempre está dispuesto a ayudar a los que creen. No nos abandona. Ojalá que nosotros tampoco lo abandonemos. Se entregó a la muerte para redimirnos del pecado y de la muerte. Abrió el camino de la vida eterna para nosotros, resucitando victoriosamente de entre los muertos. No importa que algunas veces consideremos que los asuntos no tienen remedio, todavía tenemos motivos para confiar en Cristo. Por sus obras y palabras, sabemos que contestará nuestras oraciones y nos dará todo lo que necesitamos.

Oración:

Bendito Señor Jesús, enséñanos a confiar en ti para todas las cosas. Amén.

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