LA JUSTIFICACIÓN POR LA SOLA FE NOS CONDUCE A SER SANTOS

Que el Dios y Padre nuestro, y nuestro Señor Jesús, […] los fortalezca interiormente para que, cuando nuestro Señor Jesús venga con todos sus santos, la santidad de ustedes sea intachable delante de nuestro Dios y Padre.

– 1 Tesalonicenses 3:11-13

Dios quiere que seamos santos. Nosotros, los cristianos, queremos ser santos y sin embargo cabe la posibilidad de que nuestra motivación no sea la que Dios quiere. Por esto es importante y necesario tener presente lo que la Biblia enseña acerca de cómo y porqué debemos ser santos. Hay dos errores básicos que nos alejan de la enseñanza de la Biblia sobre la santificación. Un error hace que la justificación de los pecadores ante Dios dependa de su vida santificada. Esto es enseñar que la gente puede salvarse por sus propias obras. El otro error trata acerca de la vida cristiana de la fe aparte de la justificación por la fe sola. Aparte del poder y la motivación que da la justificación por la fe sola, no habrá vida santificada del cristiano.

La justificación por la sola fe es solamente un cambio en nuestro estado ante Dios. Pasamos de ser «pecadores condenados a la ira eterna» a ser «declarados justos por los méritos de Cristo». Pero cuando Dios santifica a los creyentes, produce un cambio en la naturaleza de las personas. Dios les da nueva vida en Cristo. Este cambio en nuestra naturaleza no puede contribuir nada a la salvación. Al contrario, la nueva vida del cristiano es el resultado de la justificación por la fe sola. Pablo lo explica así: «Mediante el bautismo fuimos sepultados con [Cristo] en su muerte, a fin de que, así como Cristo resucitó por el poder del Padre, también nosotros llevemos una vida nueva. […] considérense muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús. Por lo tanto, no permitan ustedes que el pecado reine en su cuerpo mortal, ni obedezcan a sus malos deseos. No ofrezcan los miembros de su cuerpo al pecado como instrumentos de injusticia; al contrario, ofrézcanse más bien a Dios como quienes han vuelto de la muerte a la vida, presentando los miembros de su cuerpo como instrumentos de justicia. Así el pecado no tendrá dominio sobre ustedes, porque ya no están bajo la ley sino bajo la gracia» (Romanos 6:4-14).

Por esto, aunque insistimos en recordar que la justificación no cambia nuestra naturaleza, la santificación sí lo hace. Como Martín Lutero lo reconoce: «Así la fe es una obra divina en nosotros, que nos cambia, nos regenera de parte de Dios, y da muerte al viejo Adán, nos hace personas enteramente diferentes en el corazón, espíritu, mente, y todas las facultades, y nos confiere El Espíritu Santo». La justificación implica un cambio en nuestro estatus. La santificación implica un cambio en nuestra vida.

Oración:

Señor, te doy gracias por declararme justo por los meritos de Cristo y porque, gracias a ello, pones en mí el querer vivir santamente. Amén.