(Lectura de la Biblia en tres años: 1 Reyes 12:25–33, Juan 6:25–31)

GRANDES MOTIVOS PARA REGOCIJARNOS

Porque si, cuando éramos enemigos de Dios, fuimos reconciliados con él mediante la muerte de su Hijo, ¡con cuánta más razón, habiendo sido reconciliados, seremos salvados por su vida! Y no sólo esto, sino que también nos regocijamos en Dios por nuestro Señor Jesucristo, pues gracias a él ya hemos recibido la reconciliación.

—Romanos 5:10–11

Al inicio de este año, muchos planificaron ilusionados alcanzar logros que llenen de satisfacción sus vidas. Todos hemos deseado que este 2020 sea un año lleno de alegrías. A nadie se le ocurrió desear una pandemia ni pasar mucho tiempo en cuarentena. Tener propósitos claros para el futuro puede ser una muy buena motivación que de sentido a nuestra vida. Sin embargo, no podemos negar que aun los mejores proyectos pueden no llegar a concretarse pues al fin y al cabo no somos dueños del destino. ¿Qué hay en cuanto a los propósitos de Dios?

Puesto que para Dios nada es difícil y ni siquiera imposible (Génesis 18:14; Lucas 1:37) todo lo que Él se propone sucede indefectiblemente. En el pasaje de la meditación para hoy el apóstol Pablo nos habla de los grandes motivos que como cristianos tenemos para regocijarnos. Primero menciona aquello que ya ha sucedido: cuando éramos enemigos de Dios merecíamos toda su ira y aún así Él hizo todo lo necesario para ser reconciliados. Sí, Cristo obedeció perfectamente, en lugar nuestro, toda voluntad de Dios contra la que habíamos pecado y, en la cruz, sufrió nuestro castigo. La reconciliación con Dios se efectuó únicamente gracias al inmenso amor y misericordia divina. Gracias a los méritos de Cristo ahora tenemos ya mismo paz con Dios y la seguridad de que con Él viviremos por la eternidad en el gozo celestial. Tenemos esta seguridad puesto que si el hizo lo más difícil (reconciliarnos con él cuando éramos sus enemigos), con mayor razón realizará su propósito ahora que somos su pueblo, tal como Pablo lo expresa: «Estoy convencido de esto: el que comenzó tan buena obra en ustedes la irá perfeccionando hasta el día de Cristo Jesús.» (Filipenses 1:6) En gratitud vamos a querer regocijarnos por siempre.

Oración:

Señor, soy pecador desde el vientre de mi madre. Nací muerto en mis delitos y pecados y he sido enemigo tuyo y de tu voluntad. Pero por tu gran misericordia y amor divino enviaste a tu Hijo para salvarme. Él obedeció perfectamente tu voluntad en lugar de mí y sobre Él cayó el castigo que yo merezco por mi pecado. Por sus méritos y no por los míos he sido perdonado, declarado justo y reconciliado contigo. Tengo muchos motivos para darte gracias y regocijarme en tu salvación y bondad infinita. Gracias Señor por todo. Amén.

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Meditaciones son presentadas por Publicaciones Multilingües-WELS y www.CristoPalabraDeVida.com.

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