MANSA GLORIA

Al día siguiente, al oír que Jesús venía a Jerusalén, grandes multitudes que habían venido a la fiesta tomaron ramas de palmera y salieron a recibirlo. Y clamaban: «¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel!» Y Jesús halló un asno, y montó sobre él, como está escrito: «No temas, hija de Sión; Aquí viene tu Rey, Montado sobre un pollino de asna.» Al principio, sus discípulos no comprendieron estas cosas; pero cuando Jesús fue glorificado, entonces se acordaron de que estas cosas estaban escritas acerca de él, y de que así le habían sucedido.

– Juan 12:12-16 (RVC)

Hay una razón por la que el himno “Entra, Jesús, en majestad” ha sido incluido en casi 600 himnarios. El autor, Henry Milman, fue un clérigo y poeta inglés del siglo diecinueve que lo compuso específicamente para el Domingo de Ramos. El himno comunica el significado de la entrada de Cristo en Jerusalén la cual comenzó el triunfo y la tragedia de la Semana Santa. Dos de las estrofas del himno contienen la paradójica frase: “mansa gloria”:

Entra, Jesús, en majestad,

En mansa gloria entra a morir.

Con palmas en tu senda vas

Con humildad tu vida das.

Entra, Jesús, en majestad,

En mansa gloria entra a morir.

Tu sacrificio de dolor

Merece hosannas y honor.

¿Mansa gloria? ¿Un despliegue humilde de magnificencia? ¡Sí! Jesús entró en Jerusalén montado sobre un asno y no sobre un caballo de guerra: venía en mansedumbre. Sin embargo, en el antiguo medio oriente, los reyes montaron asnos cuando venían en paz: venía en gloria.

Zacarías predijo que el Mesías vendría a Sión, es decir, a Jerusalén, montado sobre un asno. En el versículo después del versículo que Juan citó en el texto de esta meditación, el profeta declara: «Tu rey anunciará la paz a las naciones, y su señorío se extenderá de mar a mar, y del río Éufrates a los límites de la tierra» (Zacarías 9:10). El Hijo de David entró escuchando las alabanzas de las multitudes; el Príncipe de Paz entró en la ciudad santa para establecer la paz que los ángeles habían anunciado a los pastores.

Las multitudes emocionadas habían venido de todas partes para celebrar el festival de la Pascua. Habían venido a Jerusalén para conmemorar cómo Dios había liberado a los israelitas de su esclavitud en Egipto. En unos pocos días, iban a sentarse a una cena que se enfocaba en un cordero sin defecto. Las multitudes en el Domingo de Ramos no sabían que estaban recibiendo con alabanzas al Cordero de Dios que estaba entrando a morir. No se podrían haber imaginado que la tragedia de esa muerte llegaría a ser el triunfo del plan de

Dios: el pago por el pecado hecho en su totalidad, el pecado del mundo quitado, la humanidad librada de su esclavitud al pecado.

En ese momento los discípulos aún no entendieron lo que le esperaba a Jesús al final de ese camino a Jerusalén. Gracias a Dios, nosotros sí entendemos a través de los ojos de la fe abiertos por la Palabra.

Oración:

Padre misericordioso, tu Hijo vino a nosotros humildemente montado sobre un asno, y ahora está sentado en gloria a tu diestra. Mientras nosotros andamos con él durante la Semana Santa, ayúdanos a siempre escuchar su Palabra, seguir sus enseñanzas y vivir en su Espíritu. Prepara nuestros corazones para aquel día cuando toda rodilla se doblará delante de él y toda lengua confesará que él es Señor y Rey para tu eterna gloria. Amén.