(Lectura de la Biblia en tres años: Rut 3, Lucas 15:11–16)

EL VALLE LLENO DE HUESOS SECOS

Yo profeticé, tal como el Señor me lo había ordenado, y el aliento de vida entró en ellos; entonces los huesos revivieron y se pusieron de pie. ¡Era un ejército numeroso!

—Ezequiel 37:10

El profeta Ezequiel tuvo una visión en la que vio un valle lleno de huesos secos ante el cual Dios le ordena profetizar. Parece muy ilógico e inútil profetizar sobre unos huesos secos. Pero, puesto que la autoridad en la vida de los profetas y siervos del Señor es la palabra de Dios y no es de ninguna manera la lógica ni el sentido práctico, Ezequiel obedeció sin más demora. Tan pronto como comenzó a hablar los huesos empezaron a llenarse de carne, tejidos, vejar venas, etcétera hasta llegar a ser seres humanos de carne y hueso en todo el sentido de la palabra. Ezequiel siguió profetizando y esos cuerpos inertes cobraron vida, llegando a ser un gran ejército. ¿Cuál es significado de esta extraña visión?

Con esta visión el Señor aseguró al profeta que aunque el pueblo de Dios estaba desterrado en Babilonia con la perspectiva de extinguirse por completo, Él lo volvería a la vida. Dios cumplió su promesa, inicialmente con el retorno de los desterrados a la tierra de Israel pero completamente con el surgimiento de la iglesia que es el sacerdocio de Dios resucitado en Cristo.

Sin embargo aún hay otra enseñanza para aprender de este texto. El profeta Ezequiel obedeció las órdenes, y Dios fue fiel a su promesa. Es una descripción de cómo debería ser nuestra vida: llevamos a cabo los mandatos del Señor y él cumple sus promesas. El conocimiento de que estamos haciendo la voluntad del Señor quita de nuestra vida el tedio y el trabajo pesado. No laboramos simplemente por un salario, sino que le estamos sirviendo a Dios y proveyendo para nuestra familia, tal como Él lo espera de nosotros. No sólo estamos estudiando, sino que usamos nuestra mente al máximo de su capacidad porque el Señor nos ha llamado a ser buenos administradores de nuestro intelecto. No estamos sólo cuidamos de los niños, sino que estamos moldeando el alma de los propios hijos de Dios para que aprendan de Jesús por medio de nuestras palabras y acciones. Dios cumple sus promesas, tal como lo hizo cuando Ezequiel les predicó a aquellos huesos secos, conforme se le había dicho que hiciera. En gratitud a los méritos de Cristo por los cuales somos salvados vamos a querer vivir de esa manera.

Oración:

Señor, cuando yo estaba muerto en mis delitos y pecados, por el poder de tu evangelio me resucitaste a la vida nueva, asumir aunque merecía la condenación eterna en el infierno. En gratitud quiero vivir en obediencia a tu voluntad: Mediante tus medios de gracia, afírmame en la fe y concédeme lograrlo. Amén.

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