TOME EL EXAMEN DE CONFIANZA

Que no se gloríe el sabio de su sabiduría, ni el poderoso de su poder, ni el rico de su riqueza. Si alguien ha de gloriarse, que se gloríe de conocerme y de comprender que yo soy el Señor. Jeremías 9:23,24

La sabiduría es importante en este mundo; nos ha traído los computadores, las cápsulas espaciales, los trasplantes de corazón. Tenemos que buscar la sabiduría con toda insistencia. Sin embargo, si ponemos nuestra confianza en la sabiduría, terminaremos siendo solo inteligentemente miserables. La fuerza también es importante; la mejor ofensa contra la agresión es una buena defensa. Sin embargo, la historia revela que las potencias surgen solo para caer. Y no podemos vivir sin riquezas; ellas son la moneda legal necesaria para pagar nuestras cuentas. Alguien ha calculado que si se pudiera reunir en un solo lugar todo el oro del mundo, sería igual al tamaño de una casa de diez habitaciones. Sin embargo, con todo eso, una persona no podría comprar un momento de paz verdadera ni un segundo de felicidad eterna.

¿En dónde deposito mi confianza? El Señor mismo responde: “Si alguien ha de gloriarse, que se gloríe de conocerme y de comprender que yo soy el Señor”. Conocer a Dios es mucho más que saber algo acerca de él; significa saber quién es él, lo que ha hecho y está haciendo por mí, a dónde me lleva y cómo llegar a ese lugar. Significa saber que él es un Señor que no me trata de la manera como merecen mis pecados, sino de acuerdo con su amor. Saber que su amor literalmente lo obligó a enviar a su Hijo a pagar mis pecados y a satisfacer su justicia, con su perfecta obediencia a la voluntad divina. Saber que por medio del regalo que él me da de la fe, el manto de justicia de Jesús me viste para el cielo. Cuando, por su gracia, yo lo conozco y confío en él, estoy seguro en la tierra y tengo la seguridad del cielo.

Oración:

Señor, tú me preguntas en dónde está mi confianza; te pido que me des la fe para responder que mi confianza está en ti y solo en ti. Amén.