LA ORACIÓN DE ELÍAS

Cuando llegó la hora de ofrecer el holocausto, se acercó el profeta Elías y dijo: «Jehová, Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, sea hoy manifiesto que tú eres Dios en Israel, que yo soy tu siervo y que por mandato tuyo he hecho todas estas cosas. Respóndeme, Jehová, respóndeme, para que conozca este pueblo que tú, Jehová, eres el Dios, y que tú haces que su corazón se vuelva a ti».

– 1 Reyes 18:36-37 (RVR95)

En hebreo, el idioma en que fue escrito el Antiguo Testamento, el nombre de Elías es «Elí Yahu» y significa «mi Dios es Jehová». En su tiempo Israel (10 tribus al norte, pues el reino había quedado divido en dos) era gobernado por el rey Acab, quien había tomado por esposa a Jezabel, idólatra servidora de Baal, una deidad pagana. Acab siguiendo el ejemplo de su esposa se hizo adorador de Baal y otras falsas deidades más y promovió su culto construyendo un altar y un templo en Samaria, la capital. Así provocó la ira de Dios.

Elías (cuyo mismo nombre era una afrenta a Baal) desafió a Acab, a los 450 profetas de Baal y a los 400 profetas de Asera a que suban al monte Carmelo y allí demuestren que su ídolo sea el verdadero Dios. Obviamente Baal no fue el ganador de este desafío, pues Jehová manifestó su deidad contundentemente y Elías ejecutó el juicio de Dios degollando a los profetas de Baal que extraviaban la fe del pueblo de Dios. Cada acto de Elías en el monte Carmelo se sujetaba estrictamente a lo dispuesto por Jehová en su palabra, la Biblia. Al final del desafío la gente exclamó: «¡Jehová es el Dios, Jehová es el Dios!»

El pueblo de Israel había sido seducido por el pecado y, aunque no todos dejaron de creer en Jehová, adoraban falsos dioses. Elías desafió a ese pueblo a dedicarse por entero a Jehová, pero ellos respondieron con silencio. Hoy sucede lo mismo. Muchos titubean entre las dos opiniones: desean ser miembros de una congregación cristiana, pero en realidad son desconocidos en la casa de Dios. Comparativamente pocos darán un paso adelante para dedicar: su cuerpo, su alma, su tiempo y sus bienes al servicio del Señor. Cuando la gente le entrega el corazón a un Baal moderno, está adorando un dios impotente que: no responderá en el tiempo de dificultad, ni en el momento de la muerte, ni tampoco será de ninguna ayuda en el gran día del juicio.

Jehová, el Dios Tri-uno es celoso y exige dedicación plena. Ninguno de nosotros lo ha hecho perfectamente. Gracias a Jesucristo quien sí lo hizo, en sustitución de nosotros y que recibió el castigo que merecemos. En gratitud vamos a querer temer, amar y confiar en Jehová, la Santísima Trinidad, sobre todas las cosas, y decir: «Mi Dios es Jehová»

Oración:

Dios verdadero, te suplico: conviérteme a ti, de tal manera que mi vida entera esté consagrada a tu servicio. Amén.

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