SEÑALES ESPIRITUALES: EL FRUTO DEL ARREPENTIMIENTO

A todos les prediqué que se arrepintieran y se convirtieran a Dios, y que demostraran su arrepentimiento con sus buenas obras.

– Hechos 26:20

El Señor nos manda anunciar el perdón al pecador arrepentido. Eso es diferente de anunciar el perdón al pecador que dice estar arrepentido pero sus hechos dicen lo contrario. Cuando una persona afirma estar arrepentida de sus pecados y los lamenta, no hay motivo para dudar de eso. Sin embargo, hay ocasiones en que sus hechos evidencian claramente que su arrepentimiento no es tal. Entonces no vamos a querer hacer la vista gorda e ignorar su falta de verdadero arrepentimiento. Así como no necesitas ser avión para estar en el aeropuerto, pero si eres avión es seguro que te frecuentarás el aeropuerto; del mismo modo, no necesitas hacer buenas obras para ser creyente, pero si eres creyente es seguro que harás buenas obras. El apóstol Pablo escribió claramente al respecto: «Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios, no por obras, para que nadie se jacte. Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios dispuso de antemano a fin de que las pongamos en práctica» (Efesios 2:8-10).

Toda persona que carece del fruto de arrepentimiento necesita oír la ley en toda su dureza. ¿Qué en cuanto a mí? También necesito reconocer que he fallado en cuanto al fruto de arrepentimiento. Por eso necesito escuchar la ley en toda su dureza y así comprender en qué todavía necesito arrepentimiento y el consuelo del evangelio para que motivado por el amor de Dios en gratitud quiera vivir la vida en gracia en comunión continua con el Señor.

Además, necesito recordar que el mundo, la carne y el diablo conspiran para que yo caiga en tentación de modo que no se manifieste en mí el fruto de arrepentimiento. Martín Lutero, en el Catecismo Mayor comenta: «Cuando una tentación termina, surgen siempre otras nuevas. Por lo tanto, no hay más consejo, ni consuelo que acudir y tomar el Padrenuestro y de corazón hablar con Dios: “Amado Padre, tú me mandaste orar; no me dejes caer en tentación”. De esta manera verás que la tentación se cesará y se dará por vencida. En cambio, si intentas ayudarte con tus pensamientos y tus propios consejos, lo empeorarás y le darás más oportunidad al diablo […] Pero la oración puede oponérsele y repelerlo» (Comentario a la sexta petición).

No podemos producir el fruto del arrepentimiento por nuestro propio esfuerzo. El fruto resulta de la obra del evangelio en nosotros. Por eso es saludable que continuamente nos beneficiemos de los medios de gracia (el evangelio y los sacramentos del bautismo y la Cena del Señor).

Oración:

Señor, concédeme crecer en la fe de manera que cuando retornes me encuentres lleno de frutos de justicia. Amén