“En ese momento apareció, junto con el ángel, una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios y decían: ‘¡Gloria a Dios en las alturas! ¡Paz en la tierra a todos los que gozan de su favor!” (Lucas 2:13,14).

¿QUIÉN ES ESTE REY RECIÉN NACIDO? —ES EL PRÍNCIPE DE PAZ

“Creo que es paz para nuestro tiempo… una paz con honor”. Esta declaración la anunció el primer ministro británico Neville Chamberlain en 1938, después de haber regresado de una conferencia con Hitler. No había transcurrido ni siquiera un año desde ese anuncio, cuando la guerra más sangrienta de la historia acabó con esa paz. ¿Hay paz en la tierra?

Al reflexionar sobre este año que pasó, vemos otro año lleno de conflictos, crímenes y derramamiento de sangre. Incluso en nuestros hogares, cada uno de nosotros ha sufrido inquietudes personales: la muerte de un ser querido, crisis financieras, problemas médicos, conflictos familiares, trastornos emocionales. ¿Hay paz en la tierra?

Los ángeles anunciaron que había paz en la tierra. Y ellos no estaban simplemente deseando o soñando con el futuro. Declararon la paz en ese momento. ¿Cómo pudieron ser tan audaces? El Príncipe de paz había nacido.

Jesús trae una paz diferente. La noche antes de su muerte dijo a sus discípulos: “La paz les dejo, mi paz les doy; yo no la doy como el mundo la da. No dejen que su corazón se turbe y tenga miedo” (Juan 14:27).

¿Cuál es la paz que da Jesús? Es la paz con Dios. Adán y Eva realizaron los primeros disparos en la guerra del género humano contra Dios. Desde entonces, todos sus hijos nacen en las trincheras de Satanás. Todos han luchado contra Dios.

Fácilmente Dios pudo haber destruido a todos nosotros los pecadores en el infierno. Pero por su gracia, su favor inmerecido sobre el mundo, planeó una manera de rescatarnos de las trincheras de Satanás. Envió a su Hijo, el Príncipe de paz.

Por propia voluntad, Jesús asumió la culpa del pecado del mundo. Fue el blanco de la ira de Dios contra el pecado. Asumió toda la agresión de la ira de Dios. Porque su muerte satisfizo la justicia divina, resucitó de entre los muertos y proclamó la paz con Dios. “Tus pecados te son perdonados” (Lucas 5:20), dijo. “La paz sea con ustedes” (Juan 20:19).

¿Huyen de usted los sentimientos pacíficos? ¿Siente que la vida lo acosa? Se pregunta: “¿Hay paz en la tierra?”. No se desanime; escuche el cántico de los ángeles. Ha nacido su Príncipe de paz. Él perdona sus pecados, incluso si usted no tiene sentimientos pacíficos. Él ha ganado la paz con Dios aunque la vida parezca maltratarlo. Sin importar cuál sea su sentimiento interno o su situación externa, aférrese a las palabras de Jesús: “Tus pecados te son perdonados. ¡La paz sea contigo!”.

Oración:

Señor Jesús, en este año que viene, concede a tu siervo la paz que el mundo no puede dar. Amén.