En mi angustia invoqué a Jehová y clamé a mi Dios. Él oyó mi voz desde su templo y mi clamor llegó a sus oídos. (Salmo 18:6)

LA ORACIÓN EN UNA HORA TRÁGICA

Este hermoso salmo dirige nuestros corazones a la oración en tiempos de tragedia. Durante los momentos de sufrimiento más extremos de Jesús, su nación lo había rechazado, su Padre en el cielo lo había desamparado, y sin embargo él clamó: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”. El Padre en el cielo escuchó la oración de su Hijo amado y lo sostuvo en la asombrosa tarea de salvar al mundo. En su hora trágica Cristo oró.

La Biblia está llena de ejemplos de oraciones. Todos los grandes personajes de la fe oraron. Oraron en momentos de angustia como en otros momentos. “La oración es el aliento vital del cristiano.”

Nuestras horas de tragedia se reducen a nada cuando son comparadas con aquellas que Cristo sufrió al soportar el peso de los pecados del mundo. No obstante, nuestras pruebas y aflicciones representan una dificultad para nosotros. A Satanás en particular le gusta susurrarnos al oído en medio de nuestros problemas: “Ves, este problema demuestra que Dios realmente no te ama”. Si alguna vez alguien pudo haberse sentido desamparado fue Cristo. Pero, ¿qué hizo él? Él oró.

¿Te está desanimando algún pecado acosador? ¿Perdura alguna enfermedad sin alivio? ¿Está la pena llenando tu corazón por la pérdida de una ser querido? Llévalo al Señor en oración. Él nos ha mandado que oremos y ha prometido escucharnos. Y habiéndolo llevado al Señor en oración, aprenderás a decir con Job: “Aunque él me mate, en él esperaré”. Con el salmista decimos: “Cercano está Jehová a todos los que lo invocan; a todos los que lo invocan de veras. Cumplirá el deseo de los que lo temen; oirá asimismo el clamor de ellos y los salvará.”

Ciertamente, en estos últimos días de gran aflicción todos tenemos razones suficientes para arrodillarnos ante nuestro Dios. Oremos con valentía y confianza, sabiendo que “la oración eficaz del justo puede mucho”. El deseo de Dios es bendecirnos y él mismo nos ha invitado a orar. “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.”

Oración:

Hoy las fuerzas del maligno nos acosan sin cesar;
De temor y duda, Cristo puede el alma resguardar.
Danos luz y valentía para nunca desmayar. Amén.

Comentarios

Comentarios