MI AMIGO SANTIFICA MIS ALEGRÍAS

«Al tercer día se celebró una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús se encontraba allí. También habían sido invitados a la boda Jesús y sus discípulos.» (Juan 2:1,2)

¿Cómo se ve un cristiano? ¿No le molesta la manera como el mundo describe al creyente? Lo describe como una persona que acaba de chupar un limón o tiene el ceño constantemente fruncido.

¿Sabía que el primer milagro registrado de Jesús fue en la celebración de una boda? Él acababa de comenzar su ministerio, había sido bautizado recientemente en el Jordán, y tentado en el desierto, había llamado recientemente a sus primeros discípulos, cuando lo encontramos en la recepción de una boda. Estaba ocupado, como bien podemos imaginar, pero no demasiado ocupado como para no aceptar la invitación de esa novia y ese novio. Como un amigo, se estaba regocijando allí con ellos y aumentó la alegría de todos con el milagro de cambiar el agua en vino.

¿Eso nos dice algo sobre el cristiano? El mundo está muy equivocado. Los creyentes no son los más sombríos, son las personas más felices sobre la tierra. ¿Quién, sino el cristiano puede tener verdadera alegría en este mundo enlodado por el pecado? Solo una vida que esté llena de fe, llena de amor y llena de esperanza puede ser una vida feliz. Y esa vida gozosa se halla solo en Cristo, nuestro Amigo celestial. Cuando su perdón llena nuestra vida y su amor les da color a nuestros días, hay sonrisas, en lugar de ceños fruncidos. Cuando nuestro Amigo celestial está a nuestro lado en las celebraciones y en la vida diaria, nuestra sonrisa se intensifica y nuestra alegría se ilumina.

Oración:

Señor Jesús, llena mi corazón de tu alegría y mi vida de sonrisas por medio de tu presencia. Amén.