“Así, pues, justificados por la fe tenemos paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Romanos 5:1)

PAZ VERDADERA 

Después de la caída de la Cortina de Hierro, mucha gente esperaba que pudiera haber paz en la tierra. Animados por años consecutivos de prosperidad, la esperanza de paz se hacía más firme para algunos. Pero la paz en la tierra es escurridiza e incierta en sus mejores momentos. Recordamos eso cuando una bomba derrumbó el edificio federal en la Ciudad de Oklahoma; cuando un tumulto estalló en la Escuela Secundaria de Columbine; cuando dos embajadas estadounidenses fueron objeto de ataques terroristas; y cuando dos aviones estadounidenses de pasajeros se estrellaron contra las torres del Centro Mundial de Comercio y contra el Pentágono.

En verdad, la paz mundial es escurridiza e incierta. No sucede lo mismo con la paz espiritual.

Los ángeles que interrumpieron la tranquilidad de la primera noche de Navidad alabaron a Dios por traer paz al mundo. Su canto habló de paz entre Dios y el hombre, una paz más importante que la paz entre las vecindades de nuestro mundo.

Pero se puede dudar de esa paz también si nos enfocamos en nuestra vida. Bien podemos preguntarnos si puede haber paz entre Dios y el hombre. Piense en la codicia que con tanta frecuencia nos impide ser felices. Observe la obsesión con obtener éxito que causa tanta tensión. Escuche las palabras ásperas que hieren a los miembros de la familia y perturban nuestra vida. Recuerde cuando se han perdido los estribos y las víctimas, innumerables almas heridas. Considere cómo nuestras familias se han debilitado por desobedecer a los padres o tal vez han sido afectadas por los pleitos judiciales de divorcio. Los fracasos repetidos de ser lo que Dios quiere que seamos hace que bajemos la cabeza avergonzados, y nos preguntamos cómo es posible esperar tener paz con Dios.

Sin embargo, nuestro Dios da la paz verdadera a las personas que puedan desesperarse por no poder vivir en paz terrenal. En el versículo de hoy, el apóstol Pablo resume esa paz: “Así, pues, justificados por la fe tenemos paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo”. En la sala de justicia no hay necesidad de que el jurado delibere por largo tiempo. Nuestra culpa es un hecho innegable. No obstante, Dios nos ha declarado inocentes por medio de la fe en el sacrificio de Jesús por nuestros pecados. Con los ojos de la fe, veamos y creamos la prueba de nuestra paz.

Oración:

Señor Jesús, viniste a un mundo que está lleno de luchas y desgarrado por los conflictos. Viniste a traer paz verdadera. Fortalécenos por medio de tu Espíritu Santo para que nunca perdamos de vista la paz que está más allá de nuestro entendimiento. Amén.

Comentarios

Comentarios