“Dios mío ¡crea en mí un corazón limpio! ¡Renueva en mí un espíritu de rectitud!” (Salmo 51:10).

RENUÉVAME

Regularmente renovamos subscripciones, inscripciones de vehículos y medicamentos. Renovamos relaciones y amistades. Hay renovaciones de cosas externas. La renovación que David busca en este versículo del salmo es espiritual. Busca que Dios renueve su corazón y su alma.

Después de confesar sus pecados, David ahora desea un “corazón limpio” para que pueda servir al Señor con motivos limpios. También pide un “espíritu de rectitud” que esté firme ante la tentación. Lo que David pide es nada menos que una nueva actitud. Quiere que Dios le permita llevar una vida que sea agradable a Dios.

¿Cómo llega a ser esta renovación? El apóstol Pablo escribe: «Transfórmense por medio de la renovación de su mente” (Romanos 12:2). Esa renovación viene solo cuando nos metemos de lleno con nuestro corazón y nuestra mente en la palabra de Dios.

Por la gracia de Dios, David encontró renovación en su lucha espiritual. El Salmo 51 da evidencia de eso. David era bien consciente del hecho de que él mismo no podía lograr una renovación o un corazón limpio. Sabía que su fuerza de voluntad no lograría eso, así que pidió a Dios esas bendiciones y las recibió por medio de la palabra.

Necesitamos esa renovación que Dios da por medio de su palabra. No podemos lograrla por nosotros mismos. Dios la da, y nosotros la recibimos. Para muchos, la renovación es un concepto superficial, que gira alrededor del descanso y del esparcimiento. Un fin de semana alejados nos renueva, como lo hace un día en la playa. Para algunos, la renovación se encuentra en un sillón reclinable o realizando un ejercicio intenso. Pero esos métodos traen solo una renovación física. La verdadera renovación del espíritu es algo que únicamente Dios da, y viene solo por medio de la palabra de Dios.

La renovación tiene lugar cuando pasamos tiempo con Jesús. La adoración, el estudio bíblico, el recibimiento de la Santa Cena y la oración meditando en la Escritura nos hacen pasar tiempo con Jesús. La renovación que resulta es tan refrescante como resistente. Nos refresca espiritualmente. Fortalece nuestra determinación de luchar contra la tentación y servir al Señor. La renovación espiritual es una necesidad diaria. Al arrepentirnos de nuestros pecados cada día, buscamos corregir nuestras vidas para que sean conforme a la voluntad de Dios. Los corazones perfectamente limpios y sin mancha, los espíritus de rectitud, no se pueden alcanzar en este lado del cielo ya que el pecado nos acompañará hasta la tumba. Pero el sacrificio de Cristo cubre nuestros pecados y nos hace limpios delante de Dios, mientras su palabra provee renovación diaria y refrescante.

Oración:

Espíritu Santo, renueva mi espíritu con tu palabra. 

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