LA SANTIFICACIÓN ES LA RESPUESTA DEL CORAZÓN CREYENTE A LA JUSTIFICACIÓN POR LA FE SOLA

Pero como ya han sido liberados del pecado y hechos siervos de Dios, el provecho que obtienen es la santificación, cuya meta final es la vida eterna.

– Romanos 6:22

Temprano en vida aprendí que la ropa blanca debe ser lavada antes que la ropa de color. Hay cosas en la vida que tienen un orden estricto. Primero somos niños y después adultos. Así también, el rígido orden de la salvación es primero somos justificados y después vivimos la vida santa. La capacidad de vivir en santidad solo es posible cuando ya hemos sido declarados justos por los méritos de Cristo.

La santificación es la forma nueva en que viven los cristianos como respuesta a la gracia de Dios. Consiste en las buenas obras que hacen los cristianos por el poder que reciben de Dios. San Pablo describe estas buenas obras con estas palabras: «El fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio. No hay ley que condene estas cosas» (Gálatas 5:22, 23). La justificación por la sola fe es algo concluido, pues todo lo que había que hacer fue hecho por Cristo de una vez para siempre. La justificación es completa y perfecta en Cristo. Pero la santificación, es decir, la vida santificada del cristiano en este mundo permanece imperfecta e incompleta por causa de la corrupción de nuestra carne.

La vida cristiana santificada es evidencia de que somos hijos de Dios. Como San Juan escribió: «Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida porque amamos a nuestros hermanos» (1 Juan 3:14). En el día del juicio, Jesús señalará las obras de los creyentes como evidencia de su fe (Mateo 25:34–46). Aunque la vida santificada produce evidencia de la fe, nunca puede asegurarnos la salvación. Las buenas obras que el creyente hace en su vida cristiana santificada sólo sirven para recordarnos que Dios está obrando en nosotros. Pero no contribuyen nada a nuestra salvación. Estas buenas obras nunca pueden salvarnos. Sólo la obra de Cristo puede salvar.

Oración:

Señor, quiero vivir una vida cristiana santificada con muchas buenas obras de amor a mi prójimo y de gratitud hacia a ti. Sin embargo, no quiero que mi orgullo pecaminoso me haga tropezar pensando que tales buenas obras contribuyen a ganar la salvación. Soy salvo únicamente porque Jesucristo fue mi doble sustituto y es por las buenas obras de él que tú me declaraste justo. Te doy gracias porque él obedeció perfectamente tu voluntad en lugar de mí y porque sufrió el castigo eterno por mis pecados en lugar de mí. Ayúdame responder con gratitud. Amén.