COMPAÑEROS A LO LARGO DEL CAMINO

Se han acercado a millares y millares de ángeles, a una asamblea gozosa, a la iglesia de los primogénitos inscritos en el cielo . . . a Dios, el juez de todos. Hebreos 12:22,23

Por lo general, viajar solo no es muy divertido. ¿Con quién hace los planes para contemplar el paisaje?, ¿con quién traza la ruta?, ¿quién está ahí para levantarlo cuando esta desanimado o estimularlo cuando está cansado? Le doy gracias a Dios por los compañeros de viaje que tengo en el camino al cielo. Aunque no los pueda ver, me acompañan innumerables ángeles. En el cielo, cantan las alabanzas del Cordero que murió y se alegran por cada pecador que es llevado al arrepentimiento. En la tierra, viajan conmigo para cuidarme en el camino y para llevar mi alma rescatada a casa, al final. Es un gran consuelo saber que esos ángeles me acompañan con su poder.

La iglesia de los primogénitos también va conmigo. Alrededor de mí, en el camino, hay hermanos en la fe. Como el primogénito en las familias judías de la antigüedad, ellos han recibido la más grande herencia. Ellos y yo compartimos lo mejor que tiene Dios para dar, la promesa del hogar eterno. Es un gran consuelo saber que los tengo como compañeros con quienes puedo compartir los paisajes y de quienes recibir ánimo.

Mi mejor compañía, por mucho, es Dios, el juez de todos. Este juez no solo condena, sino que también absuelve. Y eso es lo que ya ha hecho por mí. En la sala de la corte del cielo, él me ha declarado no culpable por el pago de todos mis pecados que hizo su Hijo. Cuando él absuelve, su veredicto es permanente. En su gracia, él tiene la corona de vida que me espera en el cielo. Esa es una gran promesa que me anima mientras voy por el camino a casa.

Oración:

Gran Jehová, guíame, sostenme, acompáñame en el camino a casa en el cielo. Amén.