UN RETRATO DEL SALVADOR

Llegaron a Jerusalén. Y al entrar Jesús en el templo comenzó a echar de allí a los que vendían y compraban en su interior. Volcó las mesas de los cambistas y las sillas de los que vendían palomas, y no permitía que nadie atravesara el templo llevando algún utensilio; más bien, les enseñaba y les decía: «¿Acaso no está escrito: “Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones”? ¡Pero ustedes han hecho de ella una cueva de ladrones!» Cuando los escribas y los principales sacerdotes lo oyeron, comenzaron a buscar la manera de matarlo. Y es que le tenían miedo, pues toda la gente estaba admirada de sus enseñanzas. Pero al llegar la noche, Jesús salió de la ciudad.

– Marcos 11:15-19 (RVC)

El templo de Jerusalén fue diseñado por el Señor para ser una inmensa, vívida y sensorial ilustración que señalaba detalladamente a Jesús. El templo mostró a todos, tanto a judíos como a gentiles, que Jesús era su Salvador, el único camino a Dios.

En los muros masivos del templo, los pecadores vieron su separación clara de Dios. Sin embargo, al entrar en el templo, ellos inmediatamente encontraron el altar de sacrificio y la cuenca de purificación. Vieron al Mesías como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, el Redentor que nos lava de la impureza del pecado.

Un candelabro con siete lumbreras se encuentra en el lugar santo, señalando al Mesías de Dios como la luz del mundo que trae la sabiduría del amor de Dios a toda persona. En frente de la lámpara está colocada una mesa con doce panes los cuales presentan al Prometido de Dios como el Buen Pastor que cuida a su pueblo y provee todas sus necesidades físicas y espirituales. El altar de incienso se encuentra al fondo del lugar santo, su humo fragrante ascendiendo hacia arriba simbolizando al Mesías como el abogado que habla, ruega y ora a Dios por parte de la humanidad.

Finalmente, en el lugar santísimo, el arca del pacto, adornado con querubines dorados, los cuales yacen sobre el propiciatorio, resplandece como el mismo trono de Dios. Ahí el Mesías se presenta como el Santo viviente, el Rey de reyes, el Redentor victorioso el cual hace posible que su pueblo habite con Dios, se mantenga cerca de él, gobierne a su lado y disfrute de la vida santa que Dios da para siempre. ¡Qué maravilloso y misericordioso retrato del Salvador que Dios había prometido enviar!

¿Ahora es tan difícil entender la ira de Jesús contra los judíos y sus líderes? Ellos estaban dibujando bigotes en su retrato. Ellos estaban oscureciendo el retrato del Salvador con su política, escondiéndolo tras metas comerciales, horriblemente desfigurando la sonrisa de gracia del Salvador. ¿Cómo podría la gente descansar en la gracia de Dios y ser salvos si no podían ver a Jesús? ¿Nos debe sorprender que Jesús se enojara física y activamente?

Si la iglesia de hoy pone el activismo social como su más alta prioridad… si la iglesia junta su voz con la del mundo en llamar bueno lo que es malo… si la iglesia deja a un lado los medios

de gracia y adopta las herramientas de la política… si la iglesia edifica dentro de sus muros un altar a la razón humana… si la iglesia anima a la gente a encontrar fuerza en la determinación humana y significado en los logros humanos y justificación en la benignidad humana… entonces, ¿cómo verá el mundo que Jesús es su Salvador?

Oración:

Querido Jesús, en esta estación de la Cuaresma, nos regocijamos que tenemos un retrato de ti. Tenemos la realidad de tu salvación como nuestro más grande tesoro. Amén.