MANÁ ESCONDIDO Y UNA PIEDRECITA BLANCA

Al que salga vencedor le daré del maná escondido, y le daré también una piedrecita blanca en la que está escrito un nombre nuevo que solo conoce el que lo recibe. Apocalipsis 2:17

¡Qué combinación tan extraña! ¿Qué quiere decir Jesús cuando le promete a cada creyente darle del maná escondido y una piedrecita blanca en la que está escrito un nombre nuevo? En realidad, las dos imágenes se refieren a él como mi Salvador.

El pueblo de Dios del Antiguo Testamento, mientras vagaba por el desierto durante 40 años, tuvo satisfecha su hambre física por el milagro del pan que Dios les enviaba. Le dieron el nombre de maná a ese pan del cielo. Para el pueblo de Dios del Nuevo Testamento, también hay maná: Jesús y todo lo que él ha hecho por los pecadores es el pan que satisface el alma. Comer de ese milagroso maná significa creer en Jesús como el único Salvador. Para los incrédulos, el Salvador sigue estando “escondido”, porque no tienen ningún conocimiento de la nutrición celestial que él ofrece. Pero, para mí, él es en verdad el Pan de Vida, el único que puede alimentar mi alma hambrienta.

La piedrecita blanca en la que está escrito un nombre nuevo es también una imagen del Salvador. En la antigüedad, los jurados en los juicios usaban piedrecitas para votar. Una piedra negra significaba culpabilidad y conducía lo que hoy se conoce en algunos círculos como dar bola negra a alguien, es decir votar en su contra. Dejar caer una piedra blanca en la urna indicaba absolución, que el acusado había sido hallado inocente. El nombre que está escrito en la piedrecita blanca es el de Jesús. El Juez celestial me declara no culpable, porque Jesús pagó todos mis pecados. Para mí, su nombre es el más hermoso en el mundo. Es el único nombre que me puede levantar de la tierra al cielo. Es el nombre que tengo que tener.

Oración:

Bendito Salvador, aliméntame. Dame la seguridad del veredicto de “no culpable” que solo tú puedes dar. Amén.