EN LUGAR NUESTRO

Pero él fue herido por nuestras rebeliones, fue golpeado por nuestras maldades; él sufrió en nuestro lugar, y gracias a sus heridas recibimos la paz y fuimos sanados.

—Isaías 53:5, TLA

Los doce apóstoles tomaron muy en serio la importancia de haber sido llamados a ser testigos de Jesucristo, el único salvador. Por esto Pedro dijo: «Por tanto, es necesario que de los hombres que nos han acompañado todo el tiempo que el Señor Jesús vivió entre nosotros, comenzando desde el bautismo de Juan, hasta el día en que de entre nosotros Jesús fue recibido arriba al cielo, uno sea constituido testigo con nosotros de Su resurrección.» (Hechos 1:21, NBLH) El asunto del cual ellos eran testigos era de suma importancia, pues tenía que ver con el destino eterno de la humanidad. Cuando las autoridades religiosas judías amenazaron a Juan y a Pedro para que no diesen testimonio, ellos contundentemente respondieron: «Nosotros no podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído.» (Hechos 4:20). Ese testimonio de los apóstoles pronto sería el testimonio de cada creyente cristiano. Con tal convicción, el apóstol Pablo encomendó a Timoteo: «Lo que me has oído decir en presencia de muchos testigos, encomiéndalo a creyentes dignos de confianza, que a su vez estén capacitados para enseñar a otros.» (2 Timoteo 2:2). Por esto el «testimonio de los apóstoles» también es llamado «doctrina de los apóstoles». La Biblia nos dice que los primeros cristianos «perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.» (Hechos 2:42, RV60)

¿En qué consistía el testimonio de los apóstoles? El contenido de ese testimonio es bastante sencillo: El verbo, quien creó todo lo que existe y que es Dios, se encarnó y nació como ser humano de una virgen. Vivió 33 años en perfecta obediencia a la voluntad de Dios (expresada en la ley moral) en lugar de los desobedientes seres humanos. Finalmente, en la cruz, padeció toda la ira de Dios en lugar de nosotros. Gracias a esa doble sustitución, Dios, el Padre, nos atribuye gratuitamente toda la justicia de Cristo. (1 Corintios 15:1-4; Romanos 5:18-19) Todo nuestro pecado fue cargado en la cuenta de Jesucristo y toda su justicia fue acreditada a nosotros. Isaías ya lo había profetizado más de medio milenio antes en el texto que hoy meditamos. En gratitud vamos a querer dar a conocer esta verdad sin añadirle ni restarle nada.

Oracion:

Señor, gracias a los méritos de tu Hijo Jesucristo tengo el privilegio de ser testigo y así puedo dar a conocer la doctrina de los apóstoles. En gratitud quiero hacerlo bien. Por eso, suplico me concedas la sabiduría para poder darme cuenta cuando no lo hago así y pueda corregirme de inmediato. Amén.  

www.cristopalabradevida.com/

Meditaciones son presentadas por Publicaciones Multilingües-WELS y www.CristoPalabraDeVida.com.

Licencia Creative CommonsEsta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional.

Todas las citas bíblicas, a menos que se indique lo contrario, están tomadas de La Santa Biblia, Nueva Versión Internacional®, NVI®. Copyright © 1986, 1999, 2015 por Biblica, Inc. ™ Todos los derechos reservados en todo el mundo.