“De cierto les digo: el que no recibe el reino de Dios como un niño, no entrará en él” (Lucas 18:17)

Jesús quiere que los hijos guarden la fe como un niño

Una niña pequeña se acurruca junto a su madre en una noche oscura y tormentosa y se siente segura. Con una confianza ciega, un niño acepta la explicación que le da su padre acerca de su origen. Los niños esperan ilusionados cuando la mamá les dice que el padre vendrá dentro de 15 minutos. Incluso cuando las cosas son terribles y la lógica sugiere que no van a mejorar, un niño pequeño cree que las cosas mejorarán si sus padres se lo dicen. Los niños no se preocupan acerca de la lógica. Sencillamente creen. Si los padres o los adultos les dicen algo, pues así es. ¡Es verdad!

El día llega cuando todo este acercamiento ingenuo cambia. Los niños confiados preguntan, dudan de los adultos y de muchas maneras esto está bien. Cada día la vida será mucho mejor si usamos la inteligencia para analizar las decisiones que se tienen que hacer y entonces tomamos decisiones prudentes.

Sin embargo, cuando se trata de nuestro cristianismo, la antigua forma ingenua es mejor. Simplemente confíe usted en su Padre celestial. Muchas de las enseñanzas de la Escritura no cuadran con nuestra razón humana. Un Dios que es tres personas distintas y un solo Dios no tiene sentido. Un Salvador que muere en una cruz por los pecados del mundo no es muy lógico. El concepto de que somos salvos por la gracia y no por las obras parece ser una idea demasiado simple. ¿Cómo puede alguien creer tal disparate? Nosotros podemos, porque Dios nos dice que es así.

Como dice un adhesivo para el parachoques: “Dios lo dice; lo creo. Y así es”. Nosotros, los pecadores mortales, no podemos esperar tener todas las respuestas para explicar las acciones de un Dios inmortal, omnisciente, omnipotente y omnipresente. Un dios con quien pudiéramos competir, a quien pudiéramos entender, no sería un dios.

Como dice nuestro texto, debemos tener la fe como un niño para entrar en el cielo. Esto no significa que no usamos la inteligencia. Dios nos dice que crezcamos en la gracia y sigamos madurando espiritualmente. Obtenga usted todo el conocimiento que pueda acerca del evangelio y del mundo en que vivimos, pero no lo use para cuestionar a Dios. Si la Escritura no tiene la respuesta que satisfaga la razón humana, acepte que la respuesta que da es de Dios y por lo tanto es verdadera. Acéptela en la forma que la aceptó cuando era niño.

Oración:

Oh Señor, haz que estemos todos dispuestos a hacer nuestro orgullo a un lado y que nos aferremos a la cruz de Cristo con la fe como de un niño. Guarda siempre nuestra fe como tus hijos. Amén.