LOS CABALLOS Y LOS CARROS DE FUEGO

Por la mañana, cuando el criado del hombre de Dios se levantó para salir, vio que un ejército con caballos y carros de combate rodeaba la ciudad.

—¡Ay, mi señor! —exclamó el criado—. ¿Qué vamos a hacer?

—No tengas miedo —respondió Eliseo—. Los que están con nosotros son más que ellos.

Entonces Eliseo oró: «Señor, ábrele a Guiezi los ojos para que vea.» El Señor así lo hizo, y el criado vio que la colina estaba llena de caballos y de carros de fuego alrededor de Eliseo.

– 2 Reyes 6:15-17

¿Tiene usted un secreto que nadie sabe? En la Biblia se nos revelan cosas que para muchos quedan ocultas. Hay una realidad espiritual que es invisible a nuestros ojos, pero es igual de real. Una inmensa multitud de espíritus que sirven a Dios, y que conocemos con el nombre de ángeles, nos observa y acude a auxiliarnos al mandato de Dios (Hebreos 1:14). Como está escrito: «Los carros de Dios son miríadas, millares de millares» (Salmo 68:17, NBLH).

Todos los días estamos rodeados de verdaderos peligros: bombas nucleares, terroristas, accidentes y enfermedades. Todo eso puede acabar con nuestra vida repentinamente. No faltan problemas muy difíciles que tenemos que enfrentar y habrá ocasiones en las que clamaremos como el siervo de Eliseo: «¿Qué vamos a hacer?» Para el incrédulo, frecuentemente, el suicidio es la respuesta, aunque es la respuesta equivocada.

La Palabra del Señor dice a los siervos de Dios de la actualidad: «No tengas miedo, porque más son los que están con nosotros que los que están con ellos». Nuestro Padre todopoderoso «a sus ángeles mandará acerca de ti, que te guarden en todos tus caminos» (Salmo 91:11). Ni un cabello caerá de nuestra cabeza sin que Dios lo sepa y lo permita (vea Lucas 21:18). Dios revela su omnisciencia y su mano protectora en este pasaje para que nos sintamos alegres y confiados en él.

Dios ha dicho: «Nunca te dejaré; jamás te abandonaré». Así que podemos decir con toda confianza: «El Señor es quien me ayuda; no temeré. ¿Qué me puede hacer un simple mortal?» (Hebreos 13:5-6)

Oración:

Te doy gracias, Padre celestial, por medio de Jesucristo, tu amado Hijo, porque me has protegido con tu gracia en este día, y te ruego que me perdones todos los pecados que he cometido, y que por tu gran misericordia me guardes en esta noche. En tus manos encomiendo el cuerpo, el alma, y todo lo que es mío. Tu santo ángel me acompañe para que el maligno no tenga ningún poder sobre mí. Amén. (Oración Vespertina de Martín Lutero)

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