SEÑALES ESPIRITUALES: LA SEÑAL DEL CUERPO DE CRISTO

Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.

– Juan 13:34-35 RV1960

Los humanos, por lo general, somos seres gregarios. Nos agrada pertenecer a una colectividad. Somos fanáticos de algún equipo deportivo. A veces pertenecemos a un club social o simplemente tenemos un grupo de amigos afines con el cual nos identificamos. La mayoría de estas colectividades cuentan con un símbolo, marca sello, insignia o logo que lo identifica. En Corea, si alguien lleva una cruz al cuello inmediatamente es identificado como cristiano. ¿Cuál es la señal que dejó Jesús a sus discípulos?

La Cena del Señor nos habla de comunión. Esa comunión trata de la iglesia como el cuerpo de Cristo. La comunión de los discípulos entre sí es el cuerpo místico de Cristo. El pasaje de hoy nos habla de esa señal. Es verdad que en la mayor parte del mundo una cruz señala al cristianismo. Pero Jesucristo, en la última cena con sus discípulos antes de ser crucificado, les dijo que la señal por la que todos sabrán que son discípulos suyos sería el amor que ellos se tendrían entre sí.

En griego koiné, el idioma en que fue escrito el evangelio según Juan, era usual ser muy específico respecto al tipo de amor del cual se está hablando. Ellos usaban los términos «filós» y «fileo» para denotar el sentir afecto, sentimiento o emoción, en el sentido de apego personal, hacia algo o alguien. Para el amor de enamorados usaban la palabra «erós» que nunca aparece en el Nuevo Testamento. Cuando querían hablar del afecto entre familiares tenían palabras que incluían la voz «storgué» (Romanos 12:10). Pero ninguna de estas es la que alude al amor del cual habla Jesús en el texto de hoy.

La palabra que encontramos en este texto es «agápe» que es un amor no tanto de emoción o sentimiento como lo es de convicción. Es el amor más elevado, más espiritual. El amor «agápe» es un amor puro, no contaminado por el egoísmo ni por conveniencias o condiciones. Es el amor que el Espíritu Santo produce en los hijos de Dios por medio del evangelio. Esta clase de amor es la insignia de los discípulos de Cristo, es un verdadero fruto de arrepentimiento y fe. El apóstol Pablo nos da una buena descripción de lo que el amor «agápe» es en 1 Corintios 13, que es conocido como el Himno al amor. Este amor es el amor con el cuál Dios no amó. La iglesia es el entorno en el cual este amor nace, crece y florece.

Oración:

Señor, te doy gracias porque, aunque no lo merezco, tú me amaste con amor «agápe» de tal manera que enviaste a tu único Hijo para ser mi doble sustituto. En gratitud te suplico que por tus medios de gracia me permitas amar así y crecer en ese amor. Amén.