(Lectura de la Biblia en tres años: Gálatas 2:1–3:5)

EL RENUEVO ES REY Y SACERDOTE

Así dice Jehová de los Ejércitos: ¡Mirad al hombre cuyo nombre es ¡EL VÁSTAGO! y él de su propio tronco brotará; y edificará el Templo de Jehová.

Sí, edificará el Templo de Jehová, y llevará sobre sí la gloria; y se sentará y reinará sobre su trono, siendo Sacerdote sobre su trono; y el consejo de la paz estará entre los dos.

—Zacarías 6:12-13, Versión Moderna

El Renuevo que había de venir y que en la versión moderna es el vástago es nuestro Señor Jesucristo. El texto que hoy meditamos ha sido un pasaje muy difícil de comprender para los lectores de la antigüedad. Una gran parte de ellos esperaba que el Mesías que iba a venir sería un rey que sometería al planeta entero bajo el reino de Israel. Sin embargo la profecía de Zacarías presenta al Mesías como sumo sacerdote. En el pueblo de Israel el rey no podía ser sacerdote porque los sacerdotes pertenecían a la tribu de Leví. Por otra parte, la familia con derecho al trono de Israel pertenecía a la tribu de Judá. La dificultad surgía, debido a que no prestaban atención a lo que Dios ya había anunciado a los israelitas por medio de sus profetas. Dios ya les había dicho que puesto que el pueblo se había apartado tras dioses paganos el Antiguo Pacto, al haber sido transgredido, perdería su vigencia, pero que habría un Nuevo Pacto (Jeremías 31:31-33). En ese Nuevo Pacto hay, también un nuevo sacerdocio (Hebreos 7:12-18)

Jesucristo, no solo es el rey del reino de los cielos. También es el sumo sacerdote y la piedra fundamental del templo espiritual de Dios que es la iglesia. Cada creyente también es rey, sacerdote y piedra en este templo. Por esto Zacarías dice que el sumo sacerdote «se sentará y reinará sobre su trono, siendo Sacerdote sobre su trono». El trono del Mesías nunca estará establecido físicamente en la Jerusalén terrenal, ni está en Roma pues Jesucristo dijo que su reino no es de este mundo (Juan 18:36). Allí, en los corazones donde su palabra de ley y evangelio gobiernan allí está el trono de Cristo.

Oración:

Señor, por mi propia razón o elección no puedo creer en Jesucristo, mi Señor, ni acercarme a él y solo merezco tu ira eterna. Gracias te doy, porque tu Espíritu Santo me ha llamado mediante el evangelio, me ha iluminado con sus dones, me ha santificado y guardado en la fe verdadera por los méritos de tu Hijo y me ha dado el privilegio de servir como sacerdote en el templo espiritual del cual también soy una de sus piedras. Amén. 

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