EL RECORD INQUEBRANTABLE DE DIOS

Con todo, jamás le negaré mi amor, ni mi fidelidad le faltará. Salmo 89:33

El 21 de septiembre de 1998 llegó a su fin un notable record. Después de 16 años y de 2,632 juegos consecutivos, Cal Ripken Jr. no estaba en la alineación del equipo de beisbol de los Orioles de Baltimore.

En este mundo, todas las proezas humanas tienen su final; pero Dios me promete: “nunca voy a dejar de amarte”. ¡Y necesito mucho esas palabras! Porque, cuando me miro a mí mismo, tengo que preguntarme cómo puede Dios seguir amándome. A pesar de que lo conozco como mi Salvador, sigo andando como un ebrio pecador, entretejiendo mi voluntad con su voluntad. A pesar de que yo sé cuán preciosa es su Palabra, sigo poniéndola muchas veces en el estante de lo inútil en mi vida. A pesar de que sé que solo soy un peregrino aquí, sigo tratando de echar mis raíces en esta bola de barro, como sino nunca la fuera a abandonar. Mi promedio de bateo muchas veces es menor que 0.100, el total de mis fallas es astronómico. Sin embargo, Dios me mantiene en la alineación de su equipo celestial.

¿Cómo puede Dios hacer esto por mí? David responde: “Porque él no puede traicionar su fidelidad”. Dios ha prometido que Jesús vino a pagar todos mis pecados; su fidelidad lo mueve a cumplir esa promesa cuando yo me arrodillo delante de él en arrepentimiento. Él me prometió que nunca me dejará ni me abandonará hasta que esté con él en el cielo; su fidelidad lo compele a hacer exactamente eso por todos los que Jesús ha convertido en sus hijos amados y herederos de su cielo eterno. Las proezas de la fidelidad de Dios siguen vigentes para siempre.

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Oración:

Señor, te doy gracias por tu divino amor en Jesús, que nunca llega a su fin. Amén.as amar tu santa Palabra y a ver en ella a mi Salvador. Amén.