DIOS EXIGE SANTIDAD

«Ustedes tienen que serme santos, porque yo, el Señor, soy santo. Yo los he apartado a ustedes de los otros pueblos, para que sean míos.»

– Levítico 20:26 (RVR1995)

¡No soy ningún santo! Se escucha decir cuando alguien quiere que no se le exija buen comportamiento. Así se quiere indicar que el ser santo es algo lejos de la capacidad humana. Si realmente no podemos ser santos, ¿por qué Dios exige que seamos santos?

Pelagio, quien vivió entre los siglos cuarto y quinto después de Cristo, fue un monje británico que enseñaba que Dios no puede exigir al hombre algo que éste no pueda hacer. Desde esa perspectiva un hombre puede llegar a ser tan santo como Dios lo es, si pone el suficiente empeño en lograrlo. Sin embargo, la Biblia enseña claramente que «las tendencias de la carne son enemistad con Dios, que no sujetan ni pueden sujetarse a la ley de Dios» (Romanos 8:7, Nácar-Colunga). El propio apóstol Pablo confesó: «Nosotros sabemos que la ley viene de Dios; pero yo no soy más que un simple hombre, y no puedo controlar mis malos deseos. Soy un esclavo del pecado. La verdad es que no entiendo nada de lo que hago, pues en vez de hacer lo bueno que quiero hacer, hago lo malo que no quiero hacer. Pero, aunque hago lo que no quiero hacer, reconozco que la ley es buena» (Romanos 7:14-16, TLA).

Sí, según la Biblia el ser humano no es capaz de ser santo. Ser santo implica amar lo bueno y odiar lo malo. Pero también es hacer lo bueno y no hacer lo malo. Dios dice que «No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno» (Salmo 14:3, RVR1960). No en vano dice la Escritura «No hay en la tierra nadie tan justo que haga el bien y nunca peque» (Eclesiastés 7:20). Entonces ¿por qué Dios demanda que seamos santos si no podemos serlo?

Lo hace para mostrarnos, como por un espejo, nuestra calamitosa condición. Pablo lo dice con estas palabras: «Ahora bien, sabemos que todo lo que dice la ley, lo dice a quienes están sujetos a ella, para que todo el mundo se calle la boca y quede convicto delante de Dios. Por tanto, nadie será justificado en presencia de Dios por hacer las obras que exige la ley; más bien, mediante la ley cobramos conciencia del pecado» (Romanos 3:19,20). Es solo gracias a los méritos de Cristo que somos declarados justos y somos llamados santos. Pero en gratitud a esos méritos vamos a querer vivir santamente y hacer el mejor esfuerzo en ello.

Oración:

Señor, por mí mismo ningún mérito puedo tener delante de ti pues soy pecador de nacimiento. Gracias por Jesucristo, pues únicamente por sus méritos te soy grato, justo y santo. Tuyo soy; ayúdame vivir en la santidad de Cristo mi Salvador. Amén.

Meditaciones son presentadas por Publicaciones Multilingües-WELS y www.CristoPalabraDeVida.com.

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