“Cuando los ángeles volvieron al cielo, los pastores se dijeron unos a otros: ‘Vayamos a Belén, y veamos esto que ha sucedido, y que el Señor nos ha dado a conocer’. Así que fueron de prisa, y hallaron a María y a José, y el niño estaba acostado en el pesebre. Al ver al niño, contaron lo que se les había dicho acerca de él. Todos los que estaban escuchando quedaron asombrados de lo que decían los pastores (Lucas 2:15-18).

¿QUIÉN ES ESTE REY RECIÉN NACIDO? —ES EL SALVADOR DEL MUNDO

Las manos de Daniel temblaban a medida que abría la carta. Ya lo habían rechazado en tres universidades. Los resultados de sus exámenes habían sido muy bajos. ¿Era esta una carta más de rechazo? Leyó la carta y pronto se disiparon sus temores. Exclamó: “¡Sí!” y se fue de prisa a casa gritando: “¡Me aceptaron!”.

Una buena noticia la comunicamos con entusiasmo; no podemos quedarnos callados. Los pastores no pudieron quedarse callados; propagaron la noticia. El ángel les había dicho: “No teman, que les traigo una buena noticia, que será para todo el pueblo motivo de mucha alegría. Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es Cristo el Señor” (Lucas 2:10,11). Los pastores creyeron las palabras del ángel, y su fe compartió la buena noticia: este Rey recién nacido es el Salvador de todos.

Esta Navidad usted también ha escuchado con los pastores el mensaje del ángel. Ha corrido al pesebre junto con los pastores. ¿Va a proclamar esta buena noticia con los pastores?

A muchos de nosotros esto nos puede infundir miedo. Los temores nos invaden, y Satanás usa esos temores para acallarnos, aun cuando nosotros deseamos proclamar la palabra. ¿Cómo podemos calmar estos temores y ahuyentar a Satanás? Recuerde de quién está hablando. Está hablando del Salvador del mundo. “De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito” (Juan 3:16). Jesús “se dio en rescate por todos” (1 Timoteo 2:6). Si Jesús vino y murió por todos, él vino y murió por usted y su prójimo. Él es su Salvador y el de su prójimo.

Usted tiene vida eterna en Jesús mediante la fe en él. ¿Cómo puede su prójimo llegar a creer y ser salvo a no ser que alguien le hable acerca de su Salvador?

A medida que usted comience a elaborar las resoluciones para el Nuevo Año, recuerde a los que aún no conocen a su Salvador. Ore para que el Señor le dé el ánimo y la oportunidad de hablarles del Salvador. Esté preparado para cuando se presente la oportunidad. Con los pastores, proclame el gozo de la buena noticia: Ha nacido el Salvador de todos.

Oración:

Señor Jesús, dame las palabras y el valor para hablar a otros de tu amor. Amén.