MI AMIGO SATISFACE MIS NECESIDADES

«Jesús dijo a los sirvientes: “Llenen de agua las tinajas.” Y los sirvientes las llenaron hasta el borde. “Ahora saquen un poco y llévenlo al encargado del banquete,” les dijo Jesús. Así lo hicieron. El encargado del banquete probó el agua convertida en vino.» (Juan 2:7-9).

En esa casa de Caná no pasó mucho tiempo antes de que surgieran las necesidades. Para nosotros la falta de vino puede no parecer grave, pero para el novio era una gran vergüenza. Por eso, su invitado celestial se hizo cargo de la necesidad. Cuando los sirvientes le llevaron la copa tomada de las tinajas llenas de agua al encargado del banquete, era evidente lo que había hecho Jesús. Ahora, milagrosamente, esa copa contenía vino, un vino mucho mejor que el que el novio había proporcionado originalmente. Y Jesús no fue tacaño con su regalo. El Amigo celestial les dio por lo menos 120 galones de ese vino, más que suficiente para la ocasión.

¿Quiere hablar de necesidades? ¿Cómo podemos evitarlo? La vida diaria está llena de necesidades. ¿Qué podemos hacer con las necesidades enormes, como la mancha causada por nuestros pecados, las presiones de esos pecados especiales, la debilidad cuando se trata de las tentaciones diarias? ¿A dónde podemos recurrir con esas dificultades menores pero que pesan mucho, como un ser amado que está en el hospital, un niño rebelde en la casa, un trabajo en terreno inestable? ¿Dónde podemos encontrar soluciones para problemas nuevos, paciencia para soportar los viejos y valor para seguir viviendo?

¡Que el milagro de Caná nos lo recuerde! El primer milagro de Jesús no fue aliviar un dolor ni curar una enfermedad, sino hacer vino en una fiesta de bodas, para que recordemos que Jesús conoce y satisface todas nuestras necesidades, grandes y pequeñas.

Oración:

Señor Jesús, recuérdame cada día que tus manos son suficientemente fuertes para atender todas mis necesidades. Amén.