JESUCRISTO, DESCANSO DEL ALMA

Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso.

– Mateo11:28

Yesid fue uno de los amigos más colaboradores que conocí. Cierto fin de año, en el que notablemente la mies era mucha y los obreros pocos, Yesid se involucró en todo lo que hacía falta. Al concluir las actividades lo encontré extremadamente agotado y se veía enfermo. Me sentí culpable de haber permitido que diera mucho de sí y le expresé mi preocupación. Con una sonrisa en el rostro me dijo que dedicaría todo el día siguiente para dormir. Quedé gratamente sorprendido al verlo, después, radiante de energía y buen ánimo. ¡El descanso lo hizo todo!

No somos de acero; sufrimos de agotamiento físico, mental, emocional y espiritual. ¡Necesitamos descanso! Agustín, obispo de Hipona, escribió: «Nos hiciste para Ti, Señor, y nuestro corazón estará inquieto hasta que repose en Ti». Así es. Nadie, ni nada, sosegará nuestra intranquilidad excepto Dios.

El rey David describió en el Salmo 32:3 de qué manera fue afectado físicamente por las zozobras espirituales: «Mientras guardé silencio, mis huesos se fueron consumiendo por mi gemir de todo el día». Sin embargo, después de acudir al socorro divino, pudo decir con plena convicción: «Dichoso aquel a quien se le perdonan sus transgresiones, a quien se le borran sus pecados» (Salmo 32:1).

El pecado deja una honda huella en nuestra experiencia. Necesitamos ayuda para restablecer un saludable equilibrio emocional y espiritual en nosotros. Un sincero examen de conciencia en la luz de la ley moral mostrará cuan pecadores hemos sido y cuánto merecemos la condenación eterna. En tal circunstancia, Dios extiende su mano para darnos oportuno socorro en los medios de gracia. Todo pecador que, después de sentir el terror de la condenación eterna, escucha el evangelio vivirá el encuentro con Jesucristo que le dará descanso espiritual. El reposo de Dios no es una experiencia religiosa o mística. El reposo de Dios es Jesucristo mismo, quien gratuitamente nos reconcilia con el Padre. «En consecuencia, ya que hemos sido justificados mediante la fe, tenemos paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo. También por medio de él, y mediante la fe, tenemos acceso a esta gracia en la cual nos mantenemos firmes. Así que nos regocijamos en la esperanza de alcanzar la gloria de Dios» (Romanos 5.1-2).

Oración:

Señor Jesucristo, reposo del alma, concédeme temerte y amarte, de tal manera que cuanto más agobiado y agotado me encuentre, más crezca mi confianza en ti como mi reposo. Amén.