UN CAMINO PAVIMENTADO EN ROJO

Se han acercado . . . a Jesús, el mediador de un nuevo pacto; y a la sangre rociada, que habla con más fuerza que la de Abel. Hebreos 12:23,24

Estando de vacaciones en la isla Prince Edward en Canadá, viajamos por carreteras que tenían un tinte rojo. Al preguntar, nos enteramos de que el color lo producen las piedras trituradas para la mezcla del asfalto.

Existe solo un camino que lleva al cielo. Y es un camino completamente teñido de rojo con la preciosa sangre de Jesús. En el Antiguo Testamento, la sangre de Abel, que fue derramada por su malvado hermano Caín, clamó por venganza. La sangre de Jesús, vertida en la cruz, clama por perdón y paz. Dios ciertamente escucha ese clamor, porque procede de Aquel a quien él envió. Su propio Hijo es el mediador del pacto que Dios hizo con nuestros primeros padres en el Edén, después de que ellos cayeron en pecado. Jesús fue a la cruz para cumplir la promesa de salvación que hizo Dios. Vino como el Dios hombre para derramar su preciosa sangre en pago por el pecado. No hay otro camino al cielo, solo el camino pavimentado en rojo con la sangre de Jesús.

“Mami,” dijo la pequeña niña después de la escuela dominical, “la maestra nos dijo hoy que Dios puso a las personas en este mundo solo para que se preparen para ir al cielo.” “Sí, querida,” le respondió la madre, “¡eso es correcto!” “Entonces, ¿por qué no las vemos preparándose?” le preguntó la niña con toda sinceridad. Quizás sea una pregunta infantil, pero con mucha frecuencia corresponde a la verdad. Que Dios me ayude a utilizar mi vida para alistarme para el cielo. Que Dios me guíe y me guarde en el verdadero camino, en el único camino teñido de rojo con la preciosa sangre de Jesús.

Oración:

Señor, te doy gracias porque construiste el camino al cielo. Te pido que me sostengas seguro en mi camino hasta que llegue al cielo. Amén.