¡Qué profundas son las riquezas de la sabiduría y del conocimiento de Dios! (Romanos 11:33)

SONDEANDO LAS PROFUNDIDADES

La mayor parte de los conocimientos que tenemos acerca del fondo del mar se han obtenido con los años, usando instrumentos especiales. Por muchos años, la profundidad del agua se midió con una sonda de plomo. Un peso de plomo se ataba a una cuerda. El peso se dejaba caer en el océano, y la cuerda se soltaba hasta que el peso de plomo tocaba fondo. La cuerda pasaba por una rueda, que medía el largo de la cuerda que se soltaba. Algunas veces, tomaba varias horas para hacer un sondeo en aguas profundas.

En los últimos años, se desarrolló un nuevo método llamado sondeo sónico. Las ondas sonoras que se envían del barco se reflejan desde el fondo para que sea posible realizar una medición precisa de la profundidad. ¡En esta forma se ha aprendido, por ejemplo, que el Océano Pacífico por la isla Mindanao tiene más de 10 km de profundidad!

¿Cómo sondea uno las profundidades de Dios? ¿Existe una cuerda lo suficientemente larga para medir la grandeza de Dios? ¿Podemos de alguna manera medir las ondas sonoras para aprender acerca de Dios? ¿Cómo puede uno sondear el conocimiento de quien sabe absolutamente todo lo que hay por conocer? ¿Cómo mide uno la sabiduría infinita? ¿Puede la criatura sondear las profundidades del Creador? El hecho es que si todas las mentes grandiosas en la historia del mundo se usaran para combinar la inteligencia y el conocimiento, no podrían ni comenzar a sondear las profundidades de la sabiduría de Dios.

Eso no quiere decir que somos completamente ignorantes de la sabiduría y del conocimiento de Dios. Las obras de Dios que nos rodean —el universo, la tierra, las criaturas, nuestros propios cuerpos— hacen que nos unamos al salmista y digamos: “¡Todas las hiciste con gran sabiduría!” (Salmo 104:24).

Por supuesto, Pablo era consciente de la grandeza de la sabiduría de Dios que se revela en la creación. Pero en nuestro texto, Pablo entona un cántico de alabanza a la grandeza de la sabiduría de Dios que se revela a nosotros en el evangelio de Cristo. Desde la eternidad Dios determinó enviar a su Hijo al mundo para morir en la cruz por los pecados de toda la humanidad. Ningún ser humano concibió jamás un plan sabio como ese. De hecho, para la mente del hombre pecador, parece una insensatez. Solo aquel en quien el Espíritu ha obrado encuentra allí sabiduría. “¡Qué profundas son las riquezas de la sabiduría y del conocimiento de Dios!”. Unámonos a Pablo y arrodillémonos para adorar al Dios de nuestra salvación.

Oración:

Señor, ayúdame siempre a darme cuenta de que conocerte a ti como mi Salvador es verdadera sabiduría. Amén.

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