¡QUÉ GRAN ESTRELLA!

También le daré la estrella de la mañana. Apocalipsis 2:28

En nuestra ciudad hay una iglesia con el nombre de Estrella de la Mañana, un título que nunca había escuchado antes; por lo que me despertó curiosidad y me llevó a indagar. Encontré esa expresión dos veces en el libro de Apocalipsis. En 22:16 Jesús se da el nombre de “la brillante estrella de la mañana”. En nuestro versículo, él les promete a los creyentes que les dará “la estrella de la mañana”. Jesús es la Estrella de la Mañana que promete darse a sí mismo a los creyentes, con todas sus bendiciones.

¿Qué bendición más grande podría ofrecer Jesús? Como estrella de la mañana, él es el más brillante en el cielo de Dios. Con los ojos de la fe veo su perdón en la niebla oscura del pecado. Veo su poder en las espesas nubes de la tentación, su seguridad en las profundas sombras de la muerte. En la antigüedad, los marineros usaban las estrellas del cielo para trazar el curso a través de los mares. Yo tengo una Estrella de la Mañana cuya luz brilla siempre con gran esplendor y cuya dirección lleva siempre directamente al cielo.

La estrella de la mañana es la que gobierna el cielo con el esplendor de un rey. Eso hace Jesús. El que ha ganado la victoria sobre el pecado, la muerte y el infierno, gobierna ahora sobre todas las cosas. Su nombre es sobre todo nombre; toda rodilla debe doblarse delante de él. Cuando él me lleve al cielo, no solo veré su glorioso esplendor, sino que también tendré parte en él. Brillaré a su lado como una estrella brillante de la mañana junto con los demás creyentes, no con mi propio brillo, sino con el resplandor que viene de él, la verdadera Estrella de la Mañana.

¡Qué gran nombre para una iglesia! Y aún mejor, ¡qué gran Salvador para mí!

Oración:

Señor Jesús, te pido que seas mi Estrella de la Mañana y me lleves a desembarcar seguro en la orilla del cielo. Amén.