HAY PERDÓN

¡Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano! Deje el impío su camino y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar.

Isaías 55:6-7, RV95

Dentro de pocos días, a nivel mundial, se dará inicio una de las más antiguas celebraciones cristianas. Cada año las cuatro semanas posteriores al 30 de noviembre, son parte de la celebración cristiana denominada «Estación de Adviento». Los cuatro domingos de Adviento preceden la temporada de Navidad y recuerdan los 400 años que un remanente fiel del pueblo de Israel esperó la venida del Mesías desde tiempos del último escrito del Antiguo Testamento.

Adviento recuerda los 400 años que hay entre el Antiguo y Nuevo Testamento durante los cuales no hubo ningún profeta de Jehová, tampoco ninguna profecía aparte de lo que ya estaba escrito en el Antiguo Testamento, por esto se llaman «Los 400 años de silencio». En la última mitad de ese periodo en Alejandría, Egipto y en las cuevas del Mar Muerto aparecieron algunos grupos judíos que quisieron hacer pasar algunos escritos como profecías de Dios. Más tarde algunos grupos salidos de la iglesia cristiana quisieron incorporar esos escritos como parte del Antiguo Testamento. Pero tanto judíos como cristianos los rechazaron denominándolos «apócrifos».

Tras 400 años de silencio, apareció un mensajero de Dios, Juan el Bautista. La primera palabra de parte de Dios que se escuchó después de esos 400 años de silencio fue: «Arrepiéntanse». La voz de Juan el Bautista resonaba con potencia el clamor: «Arrepiéntanse». Esta palabra, llena del poder de Dios, obró en el corazón de muchos judíos dolor y arrepentimiento por haberse apartado del camino de Jehová. Poco después apareció el propio Jesucristo predicando el mismo mensaje: «Arrepiéntanse». Así comenzó un gran movimiento de proclamación de salvación para la humanidad. El ser humano está muerto en sus delitos y pecados (Efesios 2:1) y no puede ni quiere arrepentirse. Por esto es necesario que un poder superior obre el arrepentimiento en su corazón. Así como Dios usó su palabra para crear la luz cuando dijo «Sea la luz», también usa su poderosa palabra para obrar el arrepentimiento y la conversión en el ser humano pues «agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación.» (1 Corintios 1:20, RV60)

Oración:

Señor, el pecado nos ha dañado tanto que ni siquiera podemos buscarte ni buscar tu perdón. Por el poder de tu Palabra fuimos convertidos y llevados al arrepentimiento. Por ese mismo poder perseveramos en la fe. Gracias Señor, por la locura de la predicación. Amén.

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